Admonición desde el pasado

Mantén tu cabeza baja, no sea que una bala o una mirada te alcancen en los ojos.

Mantén tu cabeza baja, no sea que una bala o una mirada te alcancen en los ojos. Quédate agachado, hincado, postrado para hacer de la tierra un escudo contra el resto del universo. Cierra los ojos, ciérralos y no dejes que la promesa de la luz ni la amenaza de la lluvia los vuelvan a abrir. Quédate quieto y no te muevas hasta que alguien venga por ti. No dejes que el mundo te asalte, no permitas que manchen tu ser, tu ser auténtico, tu ser individual. Crece en este capullo alimentado sólo por las piedras que llegues a morder y por los rayos cósmicos que el cielo te quiera regalar. Haz de ese agujero un hogar, siémbrate en tu madre y confía en ella para darte lo que necesitas.

Olvídate de los que te dieron vida, los que te nutrieron y te ayudaron a crecer. Olvida también los frutos que te robaron los muchachos sin dejar que sus semillas llegaran siquiera a germinar. Olvídales, ya están todos muertos para ti. Esos frutos sin descendencia, esos ladrones veraniegos, esos jardinero hipócritas ya pertenecen a otro mundo, ya no te necesitan.

Llora y alimenta con tus lágrimas en la lluvia, que a su vez te alimentará a ti. Come, déjate llevar por el viento, por el riachuelo. No saltes de gozo, no cantes, no te dejes ver ni por la niña fresca de primavera, ni por el cuervo hambriento y sin conciencia del otoño.

Debes yacer ahí, caminar a tu paso, pero nunca apresurado. Encuentra tu nueva vida en medio de la corriente, entre miles de hojas, de hormigas y de ojos. Encuentra la paz en el ruido constante, en la suciedad, en lo roto y en lo incompleto. Aduéñate de las grietas, de las orillas gastadas, de los caminos agotados, de los párpados cansados. Hazlos tuyos, conviértete en un amo de lo roto, lo abandonado, lo decaído. Llénate de vacíos y úsalos para aislarte de lo que ya es, de lo que crece, de lo que llena e invade sin distinción. No uses tu nuevo espacio como si solo fuera tuyo, más bien respeta esa Nada, sepárate de ella y no busques apropiarte de su terreno. Crece a la par de ella, mantén tus fronteras y cierra tus oídos también.

Así debes continuar, defecando esa furia hacia la Nada, para secarte poco a poco, para vaciarte y obligar a tu hogar a cuidarte como tú lo has cuidado. Te cambiarán la cara y la voz, perderás tu cuerpo y usarás tus memorias para atraer nuevos nutrientes, consumiéndolos en el proceso. alimentarás las llamas y de las cenizas compactadas te volverás a hacer semilla. Aléjate de todos y renace como un gris abierto a los colores, dispuesto a disiparte con la más mínima brisa sin llamar a ningún lado «hogar»

Ciudad de México. 26 de abril, 2016. Encontrado al escanear papeles viejos.

20190401

Febrero y marzo fueron meses terribles para mi producción creativa. No escribí casi nada, apenas leí por placer y, fuera de una visita exprés por un cumpleaños, estuve recluso en mi casa prácticamente todas las 8 semanas.

No puedo realmente explicar el por qué. No podía concentrarme en nada por más de 30 minutos. Mi mente estaba constantemente en «otro lado»: cuando trabajaba en la tesis, pensaba en los siguientes pasos a dar en Terraria, y cuando jugaba me sentía mal por no estar trabajando.

No tengo otra razón para escribir esto más allá de consignar estas semanas a la historia de mi vida. Todo va mejor, el fin de semana estuve pensando constantemente en cómo programar la sucesión del caballo atrapado (les recomiendo verlo en Numberphile) y hoy no he parado de leer y añadir referencias a la tesis.

So there.

Status update 20180421

Aún no estoy muerto

Años cumplidos del blog: 13

Reto de Lectura 2018: 5 de 24

Biblioteca personal: Saludable

Afiliación política: Meh

Panza: Vacía, pero no por falta de alimentos sino por no levantarme a cocinar para terminar mi trabajo

Cabeza: Demasiado clara

Sueño: Recuperándome de varios días de insomnio

Los aforismos son muy buenos, pero no hay nada como una serie de mudanzas para enseñar con sangre el valor de cargar poco

Maleta sube, maleta baja. Poca ropa, pero funcional para las actividades (que afortunadamente no requieren elegancia externa, pero sí de pensamiento).

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