Primera Ley de Parkinson aplicada a los pensamientos (I)

¿No les pasa que tienen una idea pequeñita, sencilla y aún así no se la pueden sacudir de encima?

I. ¿Qué es la Primera Ley de Parkinson?

Dice la confiable Wikipedia:

Las tres leyes fundamentales de Parkinson son:

  1. El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización,
  2. Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos,
  3. El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia.

Es decir, ¿a quién no le pasa? Estamos llenos de trabajo hasta el momento de entregar o terminar el proyecto, y entonces pasa una de dos: o se «encoge» el tiempo libre, o llegan inmediatamente más cosas que hacer.

Bueno, esto también (me) pasa con los pensamientos. Ideas que están ahí y que, sin importar su relevancia o magnitud en mi vida, tienden a hincharse y a ocupar múltiples ciclos del viejo procesador que traigo entre las orejas. Puede ser una idea tonta y a veces hasta trivial de realizarse, pero si no la hago o la platico suele crecer sin límites.

II. Las memorias destruidas

En las anteriores encarnaciones de este blog solía desplegar esas ideas aquí, pero no para darles importancia o seguimiento, más bien para deshacerme de ellas. Mi blog como un basurero bonito y con buena ortografía. A medida que hemos ido madurando, me he dado cuenta que muchas de esas ideas eran buenas pero extinguía su flama al hacerlas públicas y todo se quedaba en una bonita sensación de haber hecho «algo» sin realmente hacer nada. Hablar de las metas antes de alcanzarlas suele tener ese efecto y puede ser adictivo.

Por eso dejé de escribir tan seguido1 y quise llenar el blog sólo de pensamientos más «serios», más digeridos y concretos. El resultado fue mucho más satisfactorio para mí, pero creo que no para el blog. Sentí que no podía poner nada aquí hasta que la idea fuera suficientemente grande como para salir del nido y al menos ser capaz de aterrizar a salvo en otras cabezas, otros corazones.

Hace unos años perdí decenas de borradores por un error muy tonto. En andycyca.me tenía muchísimas cosas a medio escribir. Se sentía como una aventura, porque muchos de esos posts eran exactamente una bitácora de tal o cual proyecto que estaba haciendo. Cada vez que regresaba a ellos sentía que guardaba mi progreso, como en los videojuegos. Habían detalles de cómo progresaba cada semana, cada mes.

Por un descuido se me pasó renovar el pago del host. Ellos, en su política muy acertada de respetar la privacidad de sus clientes, tomaron esa falta de pago como una terminación tácita de nuestra relación. Borraron todos los archivos y no guardaron respaldos de ningún tipo2. En una semana se fueron los registros de mi avance. Mi historia.

III. Los resultados inútiles

No se perdieron los resultados, pero sí la historia de cómo los conseguí, lo cual es casi igual de malo. ¿De qué me serviría tener ese proyecto si no podía hablar del camino que me llevó a él?

Como saben, detesto esas narrativas que se enfocan solamente en lo que uno consigue y no en lo que se hace para conseguirlo. Suele dar la idea de que «el éxito»3 es algo que los dioses determinan y envían a los mortales sin más ni más. Sobrepone el «talento natural» (si es que existe) y con ello refuerza la idea de que los «ganadores y perdedores» son determinados por nacimiento y que entonces no vale la pena esforzarse en ningún caso.

Perdí mi bitácora, perdí la historia de mis avances y no he querido intentar rehacerlos a partir de mi memoria (que hoy tiene el privilegio de ver las cosas desde el futuro). Tal vez algún día los pondré por acá, pero lo importante es la lección que me dejaron.

IV. ¿Cómo solucionarlo?

Ya no quiero que el blog sea un tiradero inconexo de ideas que no van a ser exploradas, pero tampoco que sea un tesoro que se haga inútil por la avaricia de conservarlo prístino. ¿Dónde está el balance entre esas dos ideas? Aún no lo sé, pero creo que un buen primer paso es compartir algunas ideas que no me dejan de rondar la cabeza y exhibirlas; ya no para abandonarlas sino para poder discutirlas con ustedes e intentarlas en un futuro. ¿Quién sabe? Las ideas traen ideas, quizá le sean útiles a alguien más a pesar de estar todavía verdes.

Por ahora dejaré el post hasta aquí, pero al rato o mañana pondré las primeras ideas que quiero compartirles. Cosas que quiero hacer y que no me dejan dormir. Cosas que quiero hacer con ustedes.

Por ahora, hasta aquí. Que el trabajo no me quite todo el tiempo disponible.


«Stone Worker» by Karl L. H. Mueller is licensed under CC BY 3.0


  1. Bueno, y por muchas otras razones. 
  2. Que, aunque suene feo, fue una de las razones exactas por las que yo los elegí. 
  3. La definición específica cambiará de acuerdo a la meta. 

20190401

Febrero y marzo fueron meses terribles para mi producción creativa. No escribí casi nada, apenas leí por placer y, fuera de una visita exprés por un cumpleaños, estuve recluso en mi casa prácticamente todas las 8 semanas.

No puedo realmente explicar el por qué. No podía concentrarme en nada por más de 30 minutos. Mi mente estaba constantemente en «otro lado»: cuando trabajaba en la tesis, pensaba en los siguientes pasos a dar en Terraria, y cuando jugaba me sentía mal por no estar trabajando.

No tengo otra razón para escribir esto más allá de consignar estas semanas a la historia de mi vida. Todo va mejor, el fin de semana estuve pensando constantemente en cómo programar la sucesión del caballo atrapado (les recomiendo verlo en Numberphile) y hoy no he parado de leer y añadir referencias a la tesis.

So there.

Tercera mudanza (del blog)

Bienvenidos sean a la tercera (y espero que última) casa del blog. Todos estamos aquí.

Durante las vacaciones, me puse a recuperar las entradas del blog que escribí en el dominio andycyca.me y, aunque no logré encontrar todas, me sentí satisfecho por recuperar un poquito de mi propia historia. Continuar leyendo «Tercera mudanza (del blog)»

Unicornios y selectividad cultural

Estos días ha explotado la presencia de cierta bebida de Starbucks. Frappuccino unicornio, o algo así, con colores pastel y la emblemática sirena verde. Continuar leyendo «Unicornios y selectividad cultural»

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