Por qué no quiero ser adulto

Now Playing:

Sleep with dried up tears
Sleep with our dried up hearts
The love I give is nothing you wish

– Elizabeth Anka Vajagic — Sleep with dried up tears –

my desk this morning

En días como hoy me siento terriblemente deprimido y sin ganas de hacer nada. Tengo problemas para despertar, para hacer mi rutina (que sale simplemente porque me pongo en «piloto automático») y para socializar con los demás. No sé si será una especie de depresión post-vacacional o por ciertas personas tóxicas que aún son parte de mi vida (y de las que no me he podido zafar por cuestiones más grandes que yo mismo). Sospecho que lo único que quiero es una vida fácil como la que tenía cuando era estudiante; las metas eran claras y las dictaba alguien más; el horario era fijo y no admitía variaciones; los descansos eran mejores y más regulares y la salud mental y emocional sí cuentan como razones válidas para ausentarse o pedir ayuda.

En cambio, en esta vida «adulta» parece que muchas de esas ventajas no existen: a nadie le importa si uno está sufriendo alguna enfermedad mental no incapacitante, se espera que uno solo encuentre las preguntas y las respuestas a quién sabe qué problema. Siempre y cuando uno sea capaz de sentarse y hacer «lo que se debe hacer» (que a veces es nada) uno recibe su paga, pero nada más. Poner a prueba ideas nuevas cuesta dinero y es visto como una inversión riesgosa y que casi nunca vale la pena, el esfuerzo y mucho menos el dinero.

No digo que la vida fácil de estudiante sea la mejor; una parte importante de la vida es aprender a hacerse responsable de uno mismo y de las cosas que ocurren alrededor de cada quien. El problema está en cómo se espera que se comporte un adulto «normal» y cómo se espera que actúe un estudiante o un niño:

Es curioso que a un «adulto normal» se le pide que se comporte de cierta forma, se vista bajo cierto código y obedezca todas las reglas aunque no las conozca; mientras que un joven puede transgredir muchas de esas expectativas y éstas se justifican bajo las frases de «aún es joven e inexperto» ¿Por qué es aceptable en un caso y reprochable en otro? ¿Sólo por la edad? Discúlpenme si no le encuentro el sentido.

El optimista en mí diría que la buena noticia es que los que hoy somos adultos jóvenes pronto estaremos en las posiciones «de poder» para re-hacer un conjunto de reglas más coherente con las necesidades del humano, uno que sí tenga en cuenta las muchas necesidades y que elimine las cosas que en realidad no son necesarias.

El pesimista diría que estadísticamente no pasará un gran cambio durante nuestras vidas, porque cuando seamos suficientemente viejos como para poder hacer las reglas, nuestra mente colectiva se habrá cimentado lo suficiente como para repetir las actitudes de nuestros padres. En el mejor de los casos, habrá una nueva generación que comenzará a notar todos nuestros errores (porque seguro estoy que los tenemos, nadie es perfecto) y ellos serán los que nos dirán que nuestra sociedad está mal pensada y no atiende los problemas humanos como se debe. Ad nauseam.

No es que crea que los grandes cambios a la sociedad y a sus reglas ridículas nunca llegarán; pero sí creo que no llegarán todas al mismo tiempo, ni llegarán rápido ni llegarán fácilmente.

Foto: «My desk this morning» por Sleepyneko, usada bajo una licencia Creative Commons Attribution-ShareAlike 2.0 Generic

No leer

Now Playing:

Nada nos garantiza que tendremos lo que tenemos, nada nos garantiza una vida segura;
tampoco sabemos si tendremos pensamientos que lleven a una espiritualidad iluminada;
nada nos garantiza la paz.

Pienso en que no somos dueños de lo que ya logramos.
Nada nos garantiza que seguiremos siendo los mismos
pero siempre tendremos las huellas,
esas huellas para recordarnos de dónde y por qué venimos hasta aquí.

– El Trío de Omar Rodríguez-López — Noche Día –

A veces me da gusto saber que no me leen.

En esas ocasiones puedo recordar por qué sigo aquí, por qué sigo escribiendo un blog que no tiene dirección ni sentido fijos; con unas pocas reglas que no sirven de nada. La respuesta no eres tú.

Sería interesante ser de esos que, poco antes que yo, comenzaron su blog y lograron definirlo, moldearlo para dar un mensaje concreto. Algunos de ellos logran vivir enteramente de ello, pero yo no. Yo comencé a escribir aquí sin idea de lo que podría hacer y para cuando entendí lo que podía hacer, ya era demasiado tarde para intentarlo con este blog.

Me he encariñado con este blog, creo que es un buen reflejo de su autor: confuso y sin objetivo; a ratos interesante pero no atractivo; sin conocimientos y un poco improvisado. Tiene lo vanal y lo crucial, lo brillante y lo estúpido, todo en una sola página.

A veces me da gusto saber que no me leen. Me hace sentirme como un bibliotecario, responsable de un número de libros que, aunque pequeño y sin importancia para los demás, es su trabajo entero. Puedo pasearme por el archivo y ver tantísimos errores que he publicado y sé que puedo darme el lujo de dejarlos ahí, sin corrección ni enmienda; al fin que nadie más los ve. ¿Quién me daría tanta importancia como para revisar aquellas letras, buscar una contradicción y acusarme de inconsistente? Aún si alguien lo hiciera lo más seguro es que esté en lo cierto. De cualquier forma, no haría nada.

Le había dado importancia a la promesa de que me leerías (perdón, quise decir «leerían») y escribía algo que podría gustar. Cuando me da gusto saber que no me leen, puedo escribir cualquier cosa, incluso un post como éste en el que estoy casi seguro que repito un argumento. No me molestaré en buscar en el archivo para confirmarlo o negarlo.

Si un post es publicado y nadie lo lee ni comenta, ¿sigue existiendo? No lo sé. No tengo un propósito que cumplir y por eso sigo escribiendo. Gracias por no leer.

Clase de narración

Now Playing:

(Instrumental) Oromë: Lord of the Hunt

– Jon Anderson & Carvin Knowles –

Al fin pude ver Up. Quería verla desde que salió, pero como se podrán imaginar por mis actividades, no tuve tiempo de verla hace un par de años en el cine y desde ese entonces he recibido muchos tomates (figurativos) por no haber presenciado algo que a todos les había encantado. Remedié ese error un sábado en la tarde, descansando de todo lo demás.

Celebration

No voy a poner aquí una crítica de la película porque, además de que ya ha sido hecho, no vinieron aquí para escuchar más alabanzas. Quiero escribir sobre las cosas que he aprendido.

Además de que la película es una clase maestra en cuanto a narración se refiere, tiene ese rasgo peculiar de las últimas películas de Pixar de hablar de temas bastante profundos en una película apta para todo público. Sin ahondar mucho, les daré una idea: algunos de los temas que he pensado en las últimas horas:

  1. Lealtad
  2. Progresión amistad/amor romántico
  3. Completar ciclos de vida
  4. El valor sentimental y su efecto de ancla en las posesiones materiales
  5. La aventura de la vida (éste último es un tema muy profundo en mi vida)

Éstos no son todos los temas que hay y seguramente con volver a ver la película, podrán notar muchos más. Como dije, no busco hacer esas reflexiones ahora; sólo quiero anotar que usted, estimado lector, seguramente se identifica con algunos de estos temas o con otros que no estén en la lista. Sólo hace falta resumir toda la reflexión en una frase apropiada y unos minutos de silencio; su mente hará el resto (y si no lo hace, querido lector, creo que no estamos en el mismo canal y me sorprende que esté leyendo estas líneas)

La película fue un éxito en muchos sentidos y seguramente estarán de acuerdo, pero si preguntamos por qué tuvo éxito, es difícil encontrar una sola respuesta. Podemos atribuirle el éxito a la calidad técnica y tecnológica del estudio, a la originalidad del argumento, al realismo de los personajes y a su capacidad de atraer a la audiencia. Al analizar el trabajo de Pixar es fácil notar que todos estos rasgos son en realidad secundarios. Su verdadero éxito está en dos cuestiones íntimamente relacionadas: contar una buena historia y contarla bien.

¿Recuerdan esos temas profundos que mencioné antes? Si los identifican fácilmente es por algo: no son nada nuevos. Creo que puedo decir sin temor a equivocarme que son temas bien platicados en mesas de café, sesiones de reflexión, retiros espirituales y religiones. Sin embargo, no siempre provocan la reflexión, no siempre nos hacen detenernos un poco a pensar, mucho menos nos mueven sentimentalmente como la película lo hizo. ¿Por qué?

Porque están tejidos en una buena historia, bien contada.

Me gustaría comenzar a analizar por qué Up es una gran historia y muy bien contada, pero no sé hacer ese tipo de análisis (si supiera, lo aplicaría en mis propias historias); sólo sé que la narración es uno de los mecanismos de comunicación más antiguos de nuestra especia y ha sobrevivido por algo. Desde la prehistoria nos hemos contado historias de todas clases y tamaños para explicar, para enseñar, para recordar y hasta para construir. Las formas y medios para narrar han cambiado mucho, pero el acto sigue siendo el mismo. Dentro de estas ropas de «hombre moderno» seguimos siendo el mismo primate de hace cien mil años, que recurre a las historias para comprender toda la información que no heredó genéticamente.

Sé que es una buena historia porque esos temas, que no son nuevos, me fueron entregados en una forma deseable. Acepté esos temas profundos de preguntas difíciles y respuestas complicadas como quien acepta una comida caliente en una noche fría. Es cierto, esos temas pueden ser «ingeridos» en formas más directas aunque menos agradables, como los nutrientes se pueden ingerir en pastillas y no en comida verdadera.

No digo que otros medios de presentar esos temas sean menos válidos, simplemente marco que yo soy más débil que muchos otros. Puedo ingerir una pastilla si es necesario, pero si alguien se toma la molestia de prepararme un pavo asado, no tiene que hacer nada más para atraerme: yo solito voy hacia él. Y sospecho que lo mismo pasa con muchos de mis lectores.

¿Qué otros temas reconociste en la película? ¿Qué otras películas te han hehco pensar? Me gustaría escucharlos, conversar con ustedes. Es su turno.

Foto: bfick, usada bajo una licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic (CC BY 2.0)

Feeling the Blues

She may be the face I can’t forget
a trace of pleasure or regret
may be my treasure or the price I have to pay
She may be the song that summer sings
may be the chill that autumn brings
may be a hundred different things
within the measure of the day

– Charles Aznavour –

(Se recomienda abrir ésta y ésta página al mismo tiempo para leer este post. Gracias)

La veo a unos metros de mí, sentada frente a una computadora trabajando en quién sabe qué. Si ella me viera, la imagen sería muy parecida. No sé qué está haciendo, pero a juzgar por su cara, debe ser importante…

Sonríe, desde luego. Todos los días sonríe, a todas horas; sólo platicar con ella me contagia y también yo comparto la alegría que no le cabe y le da a todos los que nos cruzamos con ella para después infectar también nosotros a los demás. La risa le queda bien: no me imagino que ella, con su guapura natural y su buen gusto en ropa, fuera a todos lados con el ceño fruncido. Se ríe de los malos chistes, de sus propias anécdotas, de los pequeños accidentes, hasta de su trabajo. Es joven (casi de mi edad) pero ha aprendido a vivir con ganas, sabe que un día desconocido también ella se morirá y nos prepara un testamento en el que nos deja como legado un montón de buenos ratos, de fotos bonitas, de esas pequeñeces que llenan todos los huecos en una vida repleta de “grandes cosas” como la arena llena un frasco que tiene pelotas de tenis.

Pero esa cara no es la misma y yo sé por qué.

Hace unas horas llegué aquí como si nada y sin temer a las supersiticiones que acompañan a este día. Menos de una hora después, leo una línea que me derrumba como un ciclón a un catillo de naipes. Es como un golpe recto al estómago, sólo que el puño no puede verse ni tocarse. Toda mi espalda se llenó de hormigas y perdí la fuerza en mis brazos.

Derrumbarse en medio de la gente puede ser algo peligroso y más si hay clientes en la misma habitación. Así es la tristeza, que llega en cualquier lugar sin tomar en cuenta quiénes están presentes ni qué trabajo tienes pendiente. A veces llega en medio de amigos, a veces llega en la oficina. Derrumbarse inmediatamente no es opción esta vez y debo agradecer que al menos estoy sentado, porque las piernas no me responderían tampoco si estuviera de pie. El pudor del trabajo me ayuda un poco para reestablecerme y me quedo sentado, mandando impulsos para que mis dedos vuelvan a moverse, poco a poco. Regreso a la rutina mecánica y así evito que los extraños me vean en este momento tan vulnerable: soy un trabajador más, no hay por qué alarmarse. Está cansado, eso es todo.

Pero alcanzo el límite antes de lo esperado y me levanto a hacerme un café. El aparato fonador todavía no ha trabajado desde que recibí la bomba y me cuesta separar los labios para recibir mi dosis de cafeína para reanimarme, aunque sea artificialmente. Apresuro una taza, apresuro otra y mientras preparaba la tercera, llega una compañera de trabajo. Hace una nota sobre cómo la oficina está más silenciosa que de normal (yo, con audífonos puestos, no me había dado cuenta). Antes de explicarle mi punto de vista, me habla sobre cómo ella nos tiene a todos así.

Ella, tan sonriente y tan genuina, hoy no puede sonreír. Ahora entiendo por qué no vino ayer y me sorprende que haya venido hoy. Es el tipo de desgracias que lo paralizan a uno y con lo rápido que se va hoy en día, muchos deciden quedarse atrás. Apresuro el tercer café y regreso a trabajar.

La veo a unos metros de mí, sentada frente a una computadora trabajando en quién sabe qué. Pensando en quién sabe qué. No sé qué está haciendo, pero a juzgar por su cara, debe ser… ¿importante? No me imagino qué podrá ser tan importante que pueda tomar su atención en este momento.

Sonríe, desde luego. Pero esa cara no es la misma y yo sé por qué.

Levanto la mirada y luego la vuelvo a bajar. ¿Qué hago? No estoy en posición para decirle nada, si yo mismo estoy mal. No puedo decir quién está peor, no es un concurso. Debería decirle algo, pero no sé qué decirle. Levanto la mirada y otra vez está sonriendo, pero esta vez, por primera vez, reconozco que no es la misma sonrisa de siempre. Se ríe de un chiste malo, pero hay un cierto peso en su voz, una sombra que normalmente no está ahí. Regresa a ver su pantalla y a trabajar en lo que sea que esté haciendo. Yo volteo a la mía y veo muchas otras líneas, sin sentido alguno. ¿Cómo ayudarla a levantarse? Necesitaría estar en un lugar más alto y sus ojos se parecen a los míos en las mañanas más solitarias que veo al espejo. Debería, debería, pero no sé qué ni cómo hacer.

No intenta esconder su pena, no nos da esa mueca grotesca del que intenta aparentar que todo está bien. Se limita a llevar su pena, pero el vacío que deja su risa es suficiente como para que todos carguemos un poco con su pesar. No fuerza la alegría ni se empeña en la tristeza: está en el punto más bajo, en el que uno sabe que llorar no cambiará nada.

En uno de esos momentos de silencio inmenso y obscuro, aparta la vista de su trabajo y se cruza con la mía por mucho menos de un segundo. Ahí comprendo, en medio de los ruidos de fax y el aire acondicionado, que al menos nos tenemos el uno al otro en este momento solo. Y la rutina del día sigue hasta concluir.

Lo que me he contado estas semanas

Now Playing

When you’re gone
How can I
even try
to go on?

– ABBA –

Ya tiene algunas semanas (como 2) que no sé qué me pasa. A cada rato comienzo a tamborilear Bela Lugosi’s Dead, como queriendo que durara unos 10 minutos seguidos antes de que comience a cantar. También me pongo a cantar nomás la primera estrofa de Mundo Raro (José Alfredo for the win):

Cuando te hablen de amor, y de ilusiones
Y te ofrezcan un sol y el cielo entero
Si te acuerdas de mí no me menciones
porque vas a sentir amor del bueno.

Hasta me puse a dibujar, quién sabe. Me puse a hacer tareas bien nerd (ya había olvidado lo bien que se siente llevar 10 en varias tareas consecutivas) Comencé los µcuentos de Andrei (próximamente…) entre otras cosas. Al final de todo viene hacer caso a clases.

Bueno, sí le hago caso, pero no siempre. De repente me pongo a tararear y a ver por la ventana hacia donde están construyendo los laboratorios nuevos. Y las vacas/becerros/rancheros que queman pasto. Me distraigo gacho y luego me quejo.

¿Será que me veo muy bien/mal? Curiosamente, un tercero (mejor dicho, una tercera) se dio a la tarea de buscarme novia. Así, sin preguntarme ni nada. Después lo comenté con alguien más y en lugar de reprochar, sólo dijo «Sí, ya te hace falta. Ya sé a quién te presentaré».

Porque además ya vi fotos. Está guapa la chamaca pero no es para tanto. Es decir, no la conozco. La tercera me mandó un quiz (o meme, caramba) de esos en los que dices 4 canciones, 4 comidas, etc. bajo la promesa de que jamás debo decirle a nadie que lo recibí (lo lamento) Luego me mandaron un link a su hi5.

Dude, what the fuck?

Volví a ver Mamma Mía. Estoy decidido, mi vida tiene que ser un musical. ¿Alguien se anima? Sólo hace falta saber cantar (y si eres mujer, ser simpática)

Corajes

Now Playing

(Instrumental) 34 Ghosts IV

– Nine Inch Nails –

Ya ves, éso es justamente lo que me enoja. Ser ignorado vilmente. Yo iba a decir algo, y se suponía que le importaba a esta persona. Pero no, simplemente me dijo adiós y me dejó la cuenta, alegando otra cita importante.

Afortunadamente sólo fue un sueño, pero me desperté haciendo corajes, porque, después de todo, los sueños se basan en la información del mundo que captan los sentidos y las asociaciones que produce el cerebro.

De modo que muchas cosas que pasan en los sueños pueden perfectamente ocurrir en la realidad. Y ya me ha ocurrido

Las cosas como están

Now Playing

Y no es por eso que haya dejado de quererte un solo dia
Estoy contigo aunque estés lejos de mi vida
Por tu felicidad a costa de la mía

Pero si ahora tienes tan sólo la mitad del gran amor que aún te tengo
Puedes jurar que al que te quiere, lo bendigo
Quiero que seas feliz
Aunque no sea conmigo

– Celso Piña + Café Tacvba –

(Post manual. Si no puedes ver la imagen de abajo, dale clic aquí)

Post post navideño

Now Playing

(Instrumental) Television Rules the Nation/Around the World/Crescendolls
– Daft Punk –

Bueno, pasó la navidad y oficialmente comenzó mi temporada de flojera, lo cual quiere decir levantarse temprano para jugar We ♥ Katamari hasta el desayuno. Después ha sido comer y dormir: Pavo, relleno de pavo, chocolates, peladillas, turrón, galletas hechas en casa, polvrones sevillanos, puré de manzana, tortas de pavo, tortas de relleno, etc. Como quien dice, una navidad normal.

Sin embargo, por dentro ha sido un caos. Lo bueno de estas fechas es que en las compras de la cena y demás enseres me recuerda a mis tiempos trabajando en el restaurante. Lo malo es que me trae recuerdos de mucha gente y la nostalgia pega duro.

Lo bueno es que la tecnología viene al rescate. Esto de poder mandar mensajes por celular es la puritita onda, pero mi chafa celular no me deja guardar más de 20 mensajes a la vez y tengo que borrar algunos justo después de leerlos.

Pero con todo y el celular y las llamadas y el messenger y las tarjetas navideñas, no es suficiente, me doy cuenta de que hay muchos amigos a los que necesito ver, no puedo evitar extrañarlos. Invité a muchos al concierto navideño que di el 14 y me dio gusto que vinieran tantos, pero por desgracia no los que más quería que viniesen. ¿Por qué es que pasa así? Los amigos más entrañables son los más difíciles de ver.

Definitivamente la nostalgia y esos sentimientos «navideños» son contagiosos, y ahora que hay mucha gente que los trae encima, bueno, es inevitable contaminarse un poco más con ellos. Por todos lados gente que quiere arrepentirse y dejar atrás los problemas. Pobres, si en realidad fuera tan fácil…

En fin, sea que ustedes mis pocos y apreciados lectores, celebren la navidad o no, les deseo que estos días que todos andan de fiesta se la pasen bien con amigos, familia, novios o novias y demás gente querida. No tomen mucho, recuerden «Don’t drink and Derive» y si sienten que les llegan estos sentimientos de perdón, no los desperdicien, que vienen muy pocas veces al año. Felices fiestas!

Los internets y otros fenómenos cotidianos

Now Playing

Oh no!
Please
Don’t let me be Misunderstood
– Santa Esmeralda en Kill Bill –

Muchas veces me he enfrascado en la agradable conversación de cómo los medios de comunicación ya son parte de la cultura humana, avanzando a la par con la sociedad. ¿Por qué lo digo?

Primero que nada dénse una vuelta por este artículo de parte de Alberto Arébalos, Director de Comunicaciones y asuntos públicos para América Latina de Google; les prometo que no lleva más de 5 minutos.

¿Ya? (no sigan si no leyeron el artículo que les mandé)

¿Qué opinan? Yo estoy obviamente a favor de la libertad de Expresión, y como escritor y blogger me dolió mucho, por ejemplo, eventos como la censura a los medios electrónicos en China. Sin embargo no me preocupa mucho, ya que el Internet ahora es un medio posiblemente más grande que cualquier ser humano y a veces más grande que un gobierno.

Según los datos de la ONU, la gente que puede leer esto vía Internet es un ínfima parte de la población mundial, y aún siendo una minoría, el Internet es ahora algo a la vez increíble y terrible. Es decir, tuve la oportunidad de ver «La Marche de L’Empereur», pero ¿han pensado qué hubiera pasado si no hubiera existido la tecnología necesaria para que alguien fuera a filmar a esos animales? Jamás me habría enterado de tanta cosa que pasa para que nazca un solo huevo de pingüino, a no ser que fuera a una biblioteca a ver algún tomo arcaico sobre los exploradores del Polo.

Y lo mismo con tantas cosas más. Ponte a pensar cuántas cosas no sabes y puedes aprender por este medio, el mundo es un huevo, ahora estás en contacto con los pensamientos y emociones de miles de personas de todo tipo en todo el mundo. Con conocimientos, técnicas, métodos que jamás te hubieras imaginado, puedes saber algo de cómo piensan en todo el mundo.

Una empresa tan grande como Google tiene problemas para crear sus propias reglas que se apliquen globalmente. ¿Qué pasa con uno mismo, con YO? ¿Ya perdimos el control sobre el Internet?

De vidas pasadas y futuras

Now Playing

Don’t say,
We have come now to the end.
White shores are calling.
You and I will meet again.
And you’ll be here in my arms,
Just sleeping.

What can you see,
on the horizon?
Why do the white gulls call?
Across the sea,
a pale moon rises.
The ships have come,
to carry you home.

– Annie Lennox –

Creo que le tenemos miedo a la muerte, no porque sea algo inevitable (aunque sí es tomado como una amenaza en ese sentido) sino por el significado de uno después de la muerte.

Veamos, la muerte, según dicen los que saben, es la única certeza que tiene el ser humano. Pero esta certeza quiere decir que uno deja de ser. No importa lo «buena» o «mala» que haya sido la vida, el terror es de dejar de ser todo eso, el miedo de que todo eso se pierda inevitablemente para siempre: los gustos, los amigos, las memorias, las habilidades, los triunfos, todo eso que uno atesora, lo que acepta como individualidad, el hecho de que «YO» ya no sea más.

Imagínense fuera de toda religión o creencia qué es lo que le pasa a nuestro individuo una vez muerto. ¿Se queda flotando por ahí? ¿Desaparece? Alguna vez me dijo un estudioso que ésa es una de las razones de ser de las religiones, el darle una explicación a los hechos que el mismo hombre no puede descubrir por sí mismo. Así se cree en un lugar de descanso o en la reencarnación.
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Mientras tanto, en la vida uno siempre busca un lugar al cual pertenecer, un hueco en el que se esté cómodo, se pueda contribuir y donde se sea aceptado como tal. Ese lugar se llama Hogar, y va mucho más allá de las construcciones.

Hasta que vi esta letra de Annie Lennox se me prendió el foco, una nueva idea: ¿después de la muerte estaremos realmente en el Hogar? Me agradó esa visión Tolkienesca: un barco que viene por tí al final del camino para llevarte de regreso a casa:

And all will turn,
to silver glass.
A light on the water.
Grey ships pass
Into the West.

Moraleja: Sigan escuchando buena música sigan leyendo buenos libros y continúa, ya que no se puede ir hacia atrás.

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