Blue Moon

Por The Mavericks y @andycyca

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Blue moon

El término Blue moon se refiere a la segunda luna llena de un mes-calendario, un evento que ocurre cada dos o tres años. La última Luna azul ocurrió el 30 de Septiembre del 2012. La próxima será el 31 de Julio del 2015. La palabra «blue» en este contexto también se relaciona con un estado de ánimo triste y decaído.

you saw me standing alone

Debido a su rareza, la frase inglesa «once every blue moon» (lit. «una vez cada Luna Azul») se usa para referirse a eventos improbables o raros.

without a dream in my heart

El ritmo que le imprimió Elvis Presley (como balada lenta) queda mucho mejor que la versión Doo-Wop, en mi opinión. Si tienes una melodía linda y triste acerca de alguien que está solo, un ritmo más rápido choca con el feeling. Nadie le llora a la luna chasqueando los dedos y con una sonrisa en la boca.

without a love of my own

Es una canción bonita, sencilla y significativa. Es fácil de aprender y difícil de dominar. Sólo necesita una voz y una guitarra, así que puedo interpretarla sin mucho problema sin necesidad de un grupo o instrumentos adicionales. Por lo mismo, no hace falta nada más que mi propia resolución para comenzar a cantar esta pieza donde sea, a cualquier hora. Es sumamente espontánea

Blue moon

Puedo echarme a cantar esto en cualquier momento y hacer una interpretación completa, que no suene a un ensayo. Habrán miradas extrañadas, pero eso es una reacción común a los actos de arte inmediatos y sin aviso en la vía pública. No me importa. Puedo cantar esto hasta en mis sueños.

you knew just what I was there for

Mejor dicho, pude cantar esto hasta en mis sueños. Tú estabas ahí, bailando al ritmo de mi voz. Despacito, apenas algo más que un mecerse rítmico. Dando vueltas abrazados, alrededor del eje que en ese momento es el eje alrededor del cual gira toda la Tierra y todo el universo.

you heard me saying a prayer for

Pero no bailabas conmigo ni me volteabas a ver. Sólo usabas mi ritmo, mi música. Tal vez bailamos juntos antes, pero fue una rareza. Tal vez volverá a ocurrir, pero no será lo mismo que antes.

someone I really could care for

Piensa en mí

Piensa en mí

Por: Luz Casal y @andycyca

Si tienes un hondo pesar, piensa en mí

Pienso todo el tiempo. Sería romántico o inspirador decir que siempre pienso en cosas interesantes, útiles o divertidas. Sería bueno decir que pienso en cómo ayudar a los demás, cómo ser una mejor persona, cómo resolver los problemas del mundo y cómo trascender en esta corta vida.

La verdad, muchas veces sólo pienso en mí. En tí. Pienso en lo que seríamos juntos. En lo que me gustaría ser contigo. En lo que me gustaría vivir contigo.

Si tienes ganas de llorar, piensa en mí

A menudo quiero dejar de pensar. Quiero cerrar una llave, apagar el interruptor, presionar un botón para poder estar sin necesidad de observar y analizar. Quiero dejar de recordar tantas cosas, dejar de conectar los puntos y dejar de crear cadenas de memorias. Quiero llorar porque sí y no porque mi cerebro me obliga a hacerlo

Ya ves que venero tu imagen divina

A veces pienso que idealizo muchas cosas y que las pongo en un pedestal donde no merecen estar. Las personas, las situaciones, las expectativas son demasiado altas y la realidad está hecha de un espectro de alturas.

No sé si será puro egoísmo. Querer que todos los que quiero sigan aquí. Querer a una persona como la persona perfectamente imperfecta con quien puedo compartir mi vida. Querer que mi vida termine siendo algo más que lo que es ahora.

Tu párvula boca que siendo tan niña me enseñó a pecar

No puedo negar que todos esos sentimientos me ganan a veces. Me quitan el juicio, me hacen actuar diferente. Algunos de ellos me llevan a la euforia, a volar, a soñar despierto. Ahí es donde todo comienza a fallar, cuando uno se pierde a sí mismo.

Piensa en mí cuando sufras

Cuando uno se pierde a sí mismo las posibilidades parecen multiplicarse más allá de los límites reales. Se crean caminos en las nubes y castillos en el aire (cuando todo va bien). Se crean bosques, demonios y sombras que no están ahí, pero que nublan la vista de igual forma. El mundo se rehace a la imagen de su creador, pero no tiene la consistencia de la realidad, es apenas un sueño.

Cuando llores también piensa en mí

Pensar tanto me lleva a estos sueños raros. Los sueños bonitos me piden que los recorra, los sueños malos me atrapan en sus laberintos. Vivo constantemente caminando estos jardines imposibles hasta que tropiezo con una piedra real y todo se desvanece unos momentos.

Perder todo ese mundo me duele y me recuerda que no encajo en esta realidad. Lloro y comienzo a pensar en lo que me llevó a vivir el sueño. Lloro y pienso en las personas que fueron las semillas de estos bosques, aún sin saberlo. Lloro y pienso y lloro más.

Cuando quieras quitarme la vida; no la quiero para nada

Ahí es cuando quiero deshacerme de todo. De mi trabajo, de mi casa, de mis libros, de mis letras y de mi tierra. Quiero dejar todo esto enterrado para que nadie lo encuentre en mil años, después de haber nutrido (o envenenado) la tierra que lo encapsula. Cuando nadie lo reconozca.

Quiero dejarme en la tierra y tirar al aire lo que sobre. Disolverme hasta que el smog me consuma.

Para nada me sirve sin tí.

Papeles perdidos II

Mis días sin tí son tan oscuros
tan largos tan grises mis días sin tí

Mis días sin tí son tan absurdos
tan agrios, tan duros mis días sin tí

– Shakira — Moscas en la casa –

Hoy tengo que escribirte a tí, la del pasado.

Han habido muchos altibajos en nuestra historia compartida. Sobre todo bajos. En el momento no se siente (sintió) así, pero unos años después veo todo el daño causado.

No te escribo para culparte, sino para hacerte consciente de que tú también tienes parte en esto. No fuiste tú ni fui yo: ambos lo hicimos con plena conciencia y libertad.

Técnicamente, no hicimos nada malo, pero definitivamente todo parecía ocurrir a escondidas. No era nada malo, pero ciertamente no parecía nada bueno.

Técnicamente en cada “escapada” y tiempo libre de los campamentos, cuando fuimos a la azotea de ese hotel en Pueblaa a ver estrellas, en cada viaje en autobús donde nos sentamos juntos, en cada carta que compartimos… no rompimos ninguna regla escrita, pero sí el espíritu de la regla.

Todos, prácticamente todos los que nos conocían me pidieron por años que me alejara de ti. Me sugirieron, me amenazaron, me regañaron, me inspiraron, me rogaron que te alejara de mí y de mi vida. Era demasiado tonto como para tomarlo en serio. De alguna forma, pensaba que estaba haciendo lo correcto, me mantenía dentro de tus pensamientos y tus sentimientos. De alguna forma te quería “ganar” de vuelta.

Hice muchos errores en ese tiempo y como resultado ahora soy marginalmente menos estúpido. Ahora sé que no debí buscarte más después de que decidiste no estar conmigo. Eso me llevó a idealizarte y a buscar algo más de ti. Me conformaba con las migajas que me dabas sin darme cuenta que merezco, por dignidad propia, una comida completa.

Sin embargo, la historia de esos errores y las lecciones que me dieron son solamente para mí y contarlas en una carta me obligaría a reescribir cientos de líneas de papeles que hoy están repartidos en al menos 3 cuadernos, 4 estados de México, dos países e incontables botes de basura.

(2012.04.xx Fingiendo anotar en una junta informativa)

Papeles perdidos I

Now Playing:

You fill up my senses
like a night in the forest
like a mountain in springtime
like a walk in the rain

Like a storm in the desert
like a sleepy blue ocean
you fill up my senses
come fill me again

– John Denver — Annie’s Song

Soy un astronauta. Una figura que vive siempre en el lugar entre la Tierra y Todo lo demás que está allá afuera. Soy ese que a veces está lejos porque se queda viendo al cielo y la inmensidad le calla la boca. Soy el que siempre busca salir sin saber a dónde, sólo por salir. Soy el bicho raro y nadie tiene problema cuando les digo de mi ambición, porque quiere decir que estará fuera de vista de todos. Me apoyan porque mi éxito quiere decir que no molestaré al resto de la sociedad.

Soy un astronauta que sale sin pensar en las consecuencias y cuando está en su misión recuerda a todos los que hicieron posible el viaje. Se acuerda y quiere hablarles, quiere saber si están bien, quiere compartir con ellos lo que le parece uno de los espectáculos más grandiosos de todos, pero no puede. Quiere gritarle a los que ama, pero nadie puede oírlo. Está aislado, nadie responde, nadie entiende. Lo único que puede hacer es mandar un proverbial mensaje en una botella. No sabe que aún si la botella y el mensaje sobreviven y son encontrados, nada asegura que alguien se tome la molestia de responder.

¿Quipen le responde a un loco? ¿Quién se gasta en entenderlo? ¿Quién se ingenia para mandar la botella de regreso al espacio?


Me siento aislado de todos. A veces siento que la gente me ignora activamente y decide sacarme de sus vidas. Soy un bicho raro y repulsivo, que es admirable en un stand de museo, pero que no quieres cerca de ti. You know what I’m saying?

2013.09.02, hoja arrancada de un cuaderno.

De encuentros y matemáticas sencillas

Now Playing:

Yo que ya he luchando contra toda la maldad
tengo las manos tan deshechas de apretar,
que ni te pueden sujetar
vete de mí

– Bebo y Cigala — Vete de mí –

Rant post! ¡Léase bajo su propio riesgo!

Hace poco reflexionaba con un grupo de desconocidos en el internet acerca de cómo a veces me invade el sentimiento de la soledad. No la soledad de no tener una pareja sentimental o de estar relativamente lejos del resto de mi familia; más bien la soledad del que no tiene a nadie cercano a quién contarle cualquier cosa, desde que se rompió una agujeta hasta que se murió mi abuelo.
Las últimas veces que he hecho público este sentimiento me he encontrado con un montón de buenos deseos, pero malísimas acciones. En general, los que me escuchann responden diciéndome que «no estoy solo», que ellos están ahí para cualquier cosa que se ofrezca, que no me preocupe.
Eso es bonito y todo, pero es la típica respuesta sólo-agregue-agua que espero de los que llamo amigos. No es que no confíe en ellos, pero vamos, sé que si digo que me siento mal ellos me dirán que me apoyan. Si hay fuego le echarán un balde de agua. Si alguien estornuda, dicen «Salud!». Narrativa 101.
No me malentiendan, las personas a las que les comparto esto en la vida real son personas en las que confío (de otra forma no les diría nada) y son personas con excelentes intenciones, pero su apoyo moral es inútil la mayoría de las veces. Caray, si sólo se tratara de apoyo moral-verbal, puedo obtenerlo sin alejarme del escritorio y el problema no pasaría de ahí. Tal vez habría una especie de carrera tipo televangelista gringo en la que un fulano se sube al podium para proclamar buenos deseos seculares y frases de apoyo que se pueden repetir como mantras cuando uno se siente desesperado y/o está en el baño.
(Inmediatamente después de escribir este párrafo me di cuenta que esto existe: es el modelo básico del conferencista de superación personal. Un monito que se para frente a un micrófono a decirle a todo el mundo que lo escucha «¡Tú puedes, sé un campeón!». Ni en eso soy original)
Sin embargo la soledad no es algo que se trate con palabras, a menos que uno quiera terminar murmurando cosas raras en una cueva y sea llamado el Sabio/Tonto de la Montaña. La soledad necesita algo más que palabras de aliento.


Hace ya algunas semanas discutía este problema con algunos extraños en un rincón olvidado del internet. Fui ahí porque sé que podría encontrar personas que tuvieran los mismos problemas que yo; tal vez alguno incluso tuviera una guía o ayuda para encontrar una solución. Al menos podríamos hablar entre «iguales», siendo todos afligidos por esta condición.

Lo que pasó fue mucho menos agradable de lo que uno se hubiera imaginado, pero mucho más productivo. Al estar todos en un grupo hermético, los miedos más fuertes fueron saliendo a flote, uno por uno. Las cosas que sabíamos pero que no podíamos admitir ni siquiera a nosotros mismos, salieron como por arte de megia en esa reunión de solitarios. No era un sitio para la discusión racional de nuestras mentes, era un lugar para sacar todas las palabras irracionales y traicioneras que llevábamos dentro. Fue un exorcismo nada agradable y muy necesario.

Cuando me llegó el turno de hablar, presenté el pseudoargumento que llevaba masticando desde Enero: Al discutir mi soledad, la respuesta suele ser parecida a No te preocupes, todos pasamos por eso. El problema de esta actitud es doble.

Por una parte, esta actitud tiende hacia la negación o minimización del problema raíz. Si todos pasamos por ahí y seguimos vivos no puede ser tan malo, ¿cierto? Falso. No todos pasan por la misma soledad de la misma forma. No todos salen de ella. De los que salen, no todos lo hacen ilesos, los daños no son iguales y varios son irreparables. El argumento por la democratización no ayuda a nadie.

Por otra parte, las matemáticas de la soledad no son como muchos las pintan. No es posible que todos nos sintamos igual de incomunicados con el resto del mundo. Vamos a ver por qué.


Yo digo que uno de los «argumentos» de mi soledad es la extrema falta de comunicación entrante: siento que nadie me busca activamente si no es porque necesitan algo. Siento que no estoy presente en las vidas de los que conozco hasta que yo mismo me hago presente. Esto desde luego no es nada más que mi apreciación subjetiva, porque no puedo conocer lo que pasa en las mentes de los demás, así que sólo puedo basarme en la evidencia disponible (lo cual es fácil de hacer porque no hay ninguna).

La única forma que conozco para contrarrestar esto es tomar cartas en el asunto y yo mismo contactar a las personas en las que pienso. Funciona, pero sólo hasta cierto punto y después de varios intentos en los que no hay reciprocidad unos días o semanas después, me siento peor que cuando comencé, no tanto por el dinero y tiempo invertido sin frutos, sino porque parece confirmar mis sospechas y realmente no me gustan los resultados que veo.


No todos pasamos por lo mismo de la misma forma. Sean dos conjuntos, A (los que encuentran) y B (los encontrados). Si a encuentra a b, necesariamente B es encontrado. Esto suena a tautología, pero es necesario para establecer que no a todos nos ocurre el fenómeno de no ser encontrado. Todos los a en A encuentran a alguien y todos los b en B son encontrados. Si hay alguien que no es encontrado, pertenece a C. Las teorías que podrían explicar el hecho de que estoy en C son:

  1. El conjunto A está completamente vacío; o
  2. La unión de A y B no es igual a todo el universo (ergo, el conjunto C no está vacío)

La primera suena completamente ridícula al ver que la interacción entre personas existe. El conjunto A no está vacío, lo cual implica que B no está vacío. Por otra parte, you puedo observar al menos un elemento que no está en B ni en A (yo).


Meh, estoy cansado de escribir esto a lo largo de todo un día aburrido en el trabajo. Al final, sólo quiero decir que estoy solo, que me siento solo y que hay quienes lo tienen mucho mejor que yo. No digas que a todos nos pasa, porque ni nos pasa a todos, ni os pasa de la misma forma, ni con la misma intensidad ni durante la misma cantidad de tiempo.A lo mejor eres una de personas normales con vidas buenas y con amigos que te buscan. Yo no soy así. Cada vez más quiero serlo

De indirectas y otras cosas que no debería escribir pero igual las escribo

Now Playing:

Cómo gasto papeles recordándote
cómo me haces hablar en el silencio
cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me vea nunca contigo…

– Silvio Rodríguez — Te doy una canción –

1. Los síntomas

Para los que me han leído desde hace años, sabrán que a menudo escribo indirectas por aquí. Sin embargo, desde hace un tiempo intento activamente no hacerlo, por varias razones. Principalmente, porque escribir indirectas tiene varios problemas en sí:

  1. Es decir cosas que debería decir de frente. Es cierto, algunas de esas indirectas son más bien banales, pero algunas no lo son y tienen un(a) destinatario(a) único(a).
  2. No buscan realmente un diálogo. Como parte del punto anterior, no aviento esas indirectas porque esté buscando un diálogo, sólo quiero decir algo sin tener que oír una réplica. Tal vez no estoy preparado para una respuesta desagradable.
  3. Son un ejemplo de «wishful thinking». Escribo indirectas porque en el fondo estoy esperando que el destinatario lea todo lo que pongo aquí. Eso es increíblemente egoísta de mi parte.
  4. A veces (99% de las veces) pienso que en realidad nadie me lee y las indirectas son una carnada, una forma fácil de «forzar» una situación en la que mi destinatario admite que me lee o admite, por omisión, que no lo hace. Lo más patético de este punto es que ni siquiera es lógicamente correcto (hay muchas otras posibilidades).

Comprender estos puntos me ha llevado años y hoy puedo decir mucho más fácilmente que antes que echar indirectas no es sano para el cuerpo ni para la mente. No construye relaciones, especula sobre la información que se tiene y que casi siempre es incompleta o incorrecta, crea paranoia, celos, inseguridad y/o ansiedad. Crea conflicto en lugar de destruirlo.

2. El problema

Sin embargo, una cosa es memorizar la lección y otra muy diferente es aprenderla. Claro, ahora sé que escribir indirectas (aquí y en cualquier lugar) no es nada bueno, pero aún no me deshago de las ganas de hacerlo de vez en cuando. ¿Por qué? No lo sé exactamente, pero sospecho que tiene que ver con las ganas de desahogarme.

«Desahogarse» es siempre algo sentimental, algo subjetivo. Es querernos librar de un mal sentimiento por vías que casi nunca son racionales: pláticas, alcohol, peleas, malos poemas, largas sesiones de música y lágrimas y muchos otros comportamientos. No digo que sea algo malo, pero creo que hay que tener mucho cuidado en cómo nos desahogamos. Los excesos son malos y rumiar demasiado tiempo un mal sentimiento puede causar daño permanente.

Creo que se puede ser irracional y creo que a veces es necesario ser irracional para dejar salir muchas cosas que lo «racional» no permite. Ejemplo: Penn Jilette (de su libro «God, no!«)

En otras palabras: esos impulsos irracionales están ahí, son parte inherente de nuestra naturaleza humana y es bueno dejarlos salir de vez en cuando siempre y cuando no nos dejemos guiar por ellos.

3. La(s) paradoja(s)

Vamos a imaginar que hablo de una sola persona a quien le escribí muchas indirectas en este blog. En realidad es más de una y no todas las indirectas fueron escritas aquí y no todas las indirectas tenían un trasfondo romántico (en realidad, sólo una minoría eran así) pero voy a simplificar todo porque así es más fácil de escribir.

Muchas veces vi publicaciones en Facebook acerca de tal o cual aspecto de su vida: relaciones, la vida de una overachiever académica, los lugares a los que fue y lo que hace de su vida en general. Debo admitirlo: muchas veces estuve tentadísimo a comentar «Nobody gives a fuck» después de ver (según mi mente) por enésima ocasión el amanecer visto desde Playa Quiensabequé. Por mí podía haberla tomado desde Patolandia.

Justo antes de presionar «Enter» me daba cuenta de lo estúpido que era ese comentario y lo estúpido que me vería poniéndolo. Me frené, pero el pensamiento no se fue.

El gran problema con las ideas que no se van es que uno las mastica todas juntas y pasa por varias etapas, lo mismo que hace una vaca con su pasto. Al final uno tiene un montón de ideas masticadas y medio digeridas y que ya no se parecen nada a lo que eran en un principio.

Esto es un problema porque enmascara las malas ideas. Cuando ese proceso sólo tiene ideas buenas o potencialmente buenas, el resultado es pasable en el peor de los casos y brillante en el mejor. Pero si metes ideas contaminadas o sucias como «Nobody gives a fuck» el resultado siempre será malo y contaminado, pero puede estar enmascarado por otras ideas que parecen más justificables.

Continuando con el ejemplo de las fotos de Patolandia, escribí un pequeño ensayo hablando de cómo uno debe mantenerse fiel a sí mismo. Después de página y media, me di cuenta que el ensayo se debería titular: «Me caes mal y voy a escribir todas las cosas que haces mal. Ergo, soy mejor que tú«. Borré todo y salí a caminar una hora. Me sentí como si me hubiera salvado de que un cohete me explotara en la cara. No quiero volverlo a hacer.

4. El punto bajo

Ella siempre me alabó ser alguien «increíblemente creativo». Lo dijo después de que le diera un poema, después de que escribí mi primer (pésimo) libro de cuentos, después de un recital de piano, después de participar en un concierto con otros 3 coros y después de muchos otros «logros creativos». Bullshit.

Eso no es ser creativo: eso es la suerte de tener una familia que apoyó muchos de esos «hobbies» durante mi infancia, una familia que nunca me juzgó y me impulsó a buscar más que la vida académica que la escuela ofrecía, una serie de maestros que me hicieron crecer en esos «hobbies» y, como efecto secundario, me ayudaron a conocerme mejor a mí mismo. Eso y una completa ignorancia de lo malo que eran el poema y el libro y el recital y todos esos logros.

Eso llevó, años después, a que ahora la veo a ella como alguien completamente aburrida. No sé qué le apasiona. Sé que le gusta leer, pero eso es demasiado genérico; no hay dos lectores iguales. De mis amigos sé quiénes son Potterheads y quiénes son Whovians; sé quiénes le van al América o al Chivas; quiénes corren maratones y quiénes hacen bici de montaña; quiénes son voluntarios en una editorial o en un asilo de perros….

Tal vez en realidad no recuerde todo eso, pero tengo bien en claro que la gran mayoría de mis amigos tiene esos pasatiemos y hobbies y pasiones que los definen mucho más que sus estudios o título universitario. De ella no recuerdo nada. Sé que le apasiona su trabajo, aunque jamás me ha dicho exactamente qué es. Jamás me ha presumido ser fan de una serie de TV, de libros, manga, anime, cómic o novela gráfica. No sé si está obsesionada con algún autor, dibujante, deportista, cantante, músico o periodista. No encuentro en ella ninguna de esas obsesiones sanas que te llevan a crear y a pensar siempre en algo más.

Eso es aburrido: me encanta conocer a personas con ese nivel de obsesión. Me da miedo que sea contagioso y que me quite mis «rarezas» para convertirme en alguien normal. Me da tristeza que al pasar de los años la recuerdo por rasgos relativamente genéricos de su personalidad.

5. La redención

No debería escribir/publicar esto, pero lo escribí y le he dado tantas vueltas que no publicarlo nada más me crearía basura mental y va en contra del punto número 5 de este Manifiesto. Lo publico porque no hacerlo sería una hipocresía, pero moralmente no debería hacerlo. Al menos ya lo admití.

Poker: la música en un individuo anormal

Now Playing:

Otro muerto, pero qué bonitos son
Calladitos, sin querer llevar razón

— Mecano – Otro muerto —

Road

Anoche, al igual que muchas otras noches, me acosté para dormir aún sin sueño. Esto lo hago usualmente porque si espero a que me dé sueño de forma natural, me paso la noche leyendo o jugando Team Fortress 2. Apago la luz, me echo boca arriba sobre la cama y espero que mi cuerpo sepa lo que tiene que hacer. Espero con los ojos abiertos, aunque esté completamente oscuro para que venga el sueño; espero que mi biología me obligue suavemente a cerrar los ojos y perder la conciencia.


A veces pongo la radio para distraerme. Ahora ya no escucho tanta radio como cuando iba en la primaria/secundaria, más que nada porque las estaciones más populares están llenas de locutores con chistes sosos y las estaciones menos populares quedan ahogadas en mi único aparato que recibe radio FM (mi celular). Pero en la noche ya no hay locutores ni programas establecidos. En muchas estaciones a eso de las 11 de la noche comienza la programación de música + espacio de anuncios que a mí tanto me gusta. Algunas estaciones son mejores que otras en este aspecto: pasan unas 5 ó 6 canciones seguidas sin anuncios, el tiempo perfecto para que decida que ya fue suficiente y pueda cambiar de estación sin sentirme culpable.


Me hace daño tener musicales (de Broadway) en mi «iPod». En realidad no es un iPod, pero es más corto que escribir «reproductor portátil de música en formato digital». iPod es más corto que escribir el nombre completo y la nota aclaratoria de que el aparato en cuestión no fue hecho por Apple sino por Sony. Demasiadas explicaciones, regresemos al punto inicial: me hace daño tener musicales ahí adentro. Desde el punto de vista del meta-teatro musical, no tiene sentido alguno que la gente se lance a cantar a mitad de sus actividades diarias. Los soliloquios son aún más raros: ¿Quién ha visto a alguien que, para quejarse de un problema o lamentarse de su situación, se eche a cantar una tonada de alta dificultad técnica en lugar de, no sé, irse a tomar una copa o llorar en posición fetal en cama? Sin embargo, los musicales no son una representación factual de la vida cotidiana. Si quisiera ver algo «más realista» saco la cabeza por la ventana o me voy a dar un paseo. Los musicales fueron hechos por la misma razón que todas las obras de ficción que existieron antes que ellos: para presentar historias que, de alguna forma u otra, son extraordinarias. Las situaciones, los personajes, los conflictos y las (re)soluciones son algo muy distinto a lo que pasa en la realidad. ¿Por qué? No sé mucho de estos triques, pero sospecho que tenemos la necesidad de alcanzar esas fantasías extraordinarias y el musical es una forma más de intentar alcanzar esas realidades imposibles.


Me hace daño tener musicales en mi «iPod». Es muy chocante la diferencia entre lo que sea que está pasando allá afuera y lo que pasa en mis oídos-cerebro. Afuera llueve y tengo poco dinero, pero adentro estoy imaginando cómo sería «Jesus Christ Superstar» si estuviera ambientado en el siglo XXI (pista: los discípulos son hipsters; Anás y Caifás son algo así como empresarios de alto nivel). Por eso no funciono bien: me lleno la cabeza con ideas raras que no corresponden a «la realidad»; por eso me siento raro y alienado, y para huir a todo eso busco calmarme oyendo música, incluyendo musicales. Y el ciclo continúa.


Todo esto de dormir sin sueño, la radio FM, el absurdo deseable de los musicales y mi eterna situación de bicho raro me están pegando cada vez más duro. No sé si estoy solo, pero definitivamente me siento solo. No sé si la falta de comunicación con [ciertas personas] es normal y nunca la había notado, pero definitivamente la siento como una manta pesada que no deja respirar.

Es uno de esos momentos donde, literalmente, me levanto y digo en voz alta «Carajo, ¿para qué tanto problema? ¿Para qué me esfuerzo?«. No vale la pena, o parece que no vale la pena.

Foto: Road por Dino Ahmad Ali, usada bajo una licencia Creative Commons attribution 2.0 Generic

Una mala decisión, una buena conclusión

Now Playing:

I let the melody shine,
let it cleanse my mind,
I feel free now
But the airways are clean
and there’s nobody singing to me now

– The Verve — Bittersweet symphony –

Estoy apenadísimo contigo. Eso es bueno, supongo
Bed Window B&W


Anoche pensé en ti. No de la forma que posiblemente estás imaginando, pero sí con la misma intensidad. No sé si fue ese café extra grande combinado con pizza o el cansancio extremo en mis piernas los que me obligaron a quedarme acostado con el corazón latiéndome a 300 bpm.

Curioso ¿no lo crees? A pesar del high de la cafeína estaba completamente quieto, boca arriba, con las luces apagadas y escuchando Les Miserables con los audífonos más grandes que tengo. Convulsiones internas al mismo tiempo que sonaba A heart full of Love. Mezclar el ritmo de mi cuerpo con el de la música era algo así como cocinar comida mexicana aventando mole, tortas ahogadas y chiles en nogada en una licuadora.

No, no lo intenten. Tampoco lo de la licuadora.

Anyway, estaba pensando en ti como no había pensado en nadie desde hace años. Pensando en el rato que pasamos juntos y pensando que todo iba bien hasta que, de acuerdo a la profecía, la regué y me comporté como un idiota. Story of my life. Cuando llego a un punto crítico en una historia siempre hablo cuando debo callarme, me levanto cuando todos permanecen sentados y aviento tomates al escenario cuando todos aplauden.

No es la primera vez que me pasa este error específico, es la tercera o cuarta vez en mi vida; pero a diferencia de las veces anteriores, ésta sí que me pegó por dentro. Hace mucho tiempo que no me sentía tan mal frente a alguien.

No he pedido una disculpa apropiada y el optimista en mí me dice que no será necesario, pero igual quiero hacerlo.


Estos párrafos mal escritos ilustran una pequeña historia con una gran enseñanza/incógnita: ¿por qué esta vez sí me importó cómo me ve esa otra persona?

Love takes hostages

Foto: Bed Window B&W por Christopher Sessums, usado bajo una licencia Creative Commons Attribution-ShareAlike 2.0 Generic

Don’t look them in the eye

Now Playing:

Look down, look down,
You’ll always be a slave
Look down, look down,
You’re standing in your grave

– Alan Boubil y Claude-Michel Schönberg; «Work Song / Look down» –

Falling rain, Running Water

Estoy saliendo de una relación abusiva.
No puedo decir que ya salí de ella, pero ciertamente estoy más cerca de la salida que de la entrada. Han sido casi dos años de malos entendidos, faltas, pasivo-agresividad y desagrado en general (por ambas partes, no estoy diciendo que sea únicamente su culpa). Han sido dos años en los que por otras razones tuve que alejarme fuertemente de la música y mi entrenamiento vocal. En estos dos años han venido demasiados cambios para nosotros y aunque pudimos sobrevivirlos, el viaje no fue nada agradable.

Es bien sabido que cuando ocurre un problema grande entre varias personas, suele polarizarlas: o acerca más a los involucrados o los aleja. Bien, adivinen qué pasó en esta ocasión. Ahora añádanle las primeras transiciones a la “vida adulta” como un trabajo formal, el aprender a vivir de los recursos que uno gana sin ayuda, las presiones de la tesis y la titulación y puntos de vista muy diferentes sobre la vida en general. Todo esto sirvió para romper lo que ya estaba agrietado.

Pero afortunadamente estoy de salida. Estoy cortando cuidadosamente los pocos cabos que aún quedan, no porque quiera terminar “por las buenas” (porque definitivamente eso ya no es posible en este punto); más bien porque quiero un corte definitivo y que no deje lugar a dudas o a segundas opiniones.

Ello requiere un esfuerzo mental muy grande (al menos, para mí). Si todo lo que dicen los maratonistas es cierto, la fase final es la más dura, justo cuando puedes ver la proverbial luz al final del túnel. Los últimos metros son los que más duelen y en los que más se quiere apurar uno para cruzar la meta, pero si uno corre más de lo que puede, termina peor.

En mi caso, tengo todavía que aguantar algunos regaños (que desgraciadamente me merezco), soportar un poco de inmadurez y al final todo será mejor. Confío en mí mismo, sé que como el héroe de mi historia tendré un final feliz, pero no sin antes pasar por problemas. Éstos son los momentos definitivos, en los que más quiero hacerme bolita y llorar como el hombre inmaduro que soy a mitad de la jornada laboral. Son éstos los momentos en los que mis amigos verdaderos desaparecen y debo enfrentar todo yo solo.

Saldré bien al final de ésta, se los prometo; pero jijos cómo cuesta. No se alejen de mí. Gracias por leerme.

Foto: Falling rain, Running Water por Kirrus; usada bajo una licencia Creative Commons Attribution-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-SA 2.0)

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