You don’t get a song

Now Playing:

(Instrumental) Arabesque #1

– Claude Debussy (video) –

How it all began

I first learned how to play a guitar because my mom had an old Beatles songbook laying around and I wanted to emulate my favorite band. I was only 8 years old. After many days of hurting fingers and two destroyed photocopies of the chord reference sheet at the back of the songbook, I was finally able to play Twist and Shout. A simple, funny song; even if it was only a cover I felt like the king of the world: I had the power of music bestowed upon me.

The years passed and I slowly improved these powers, adding the piano and a little later on my favorite instrument of all: the voice. By the time I was 12 I already knew enough songs to sing to myself for an hour, perhaps. Some of my friends knew about it, but they never saw it as anything but a hobby, just like other people play soccer every afternoon.

Growth

By the time I got to high school, playing the guitar and singing in a (secular) choir were probably the best things happening to me. There was an old guitar used for mass (it was a catholic school) that I would borrow from time to time. Again, some of my friends would every now and then sit around me to hear the songs.

I already had some crushes on girls and a few rejections that crept into my repertoire in the form of sad rock songs. Of course, those heartbreaks were nothing compared to the ones that have come since, but that pain was real to me. Singing was my instinctive response to that pain and the strange mixture of sadness and the intrinsic beauty of music resulted in an addiction to that melancholy feeling that persists today.

Then I met you

I think it was one of those talent contests at school or something. I’m not sure, but I remember you congratulating me for whatever song I played up there. I didn’t even prepared it, but I said an uninterested thank-you and went «backstage» to continue the endless SMS conversation with my best friend who was trying her luck in an acting contest on the other side of the country.

Her audition would be only an hour or two after I got down from stage and I was trying hard to calm her and assure them that everything was all right. I didn’t care about anything else. Another guitar-playing friend of mine told me that the famous new pretty girl was after me. I told him to fuck off and remind me of it later.

Everything came tumbling down

He didn’t have to remind me. Our school lockers were right next to each other (I don’t think it was coincidence, though) and we saw each other every morning. Then, every day at lunch. Then came the letters, the careful flirting, the oblivious compliments and the moments of perfect silence. It was as perfect as teenage love can be, which means there were a lot of things we were overlooking.

We never knew how deeply those memories would dig in our minds and hearts. A random phrase I pulled out of nowhere ended up being the quote you chose to be under your photo in the yearbook. The book you lent me ended up being crucial for my development as a writer. We didn’t care for the long term consequences.

One day, this song came up on the radio. It was a bit cheesy, but had beautiful poetry. You just said «Hey, that’s our song» as if it had been for years. You declared that was our song without hesitation, without consulting me and I was completely OK about it. I just replied «Yes, that’s for the two of us» or some other equally stupid line and proceeded to walk hand in hand.

The aftermath

The bomb was already in place, just waiting to blow up. The problems finally caught up with us, after a three year lag. You said that it would be best if we just stayed as friends, but every chance you had after that, you treated me just like before. I was «the other one». There wasn’t a formal relationship between us so you never felt like you were actually cheating on him. Words don’t matter, actions do.

It wasn’t easy, but in the end I was able to cut myself from you. The only thing that has stayed was the memory of «our song«. I can’t detach it from the meaning you gave it. I don’t want to sing it anymore, even though it’s often requested when I have a guitar in hand. It’s not fair I can forgive you for taking away some of my time and attention, for a lot of bad poems that may have been corrected into great ones by now. I can forgive you for making me your second choice and for juggling with my heart. But you took a song away from me. You’ve made me afraid of giving songs to the ones I love, of sharing them and giving them a special meaning.

You’re the one who kidnapped an innocent song and branded it forever with our names. That poor song can never be the same again and it’s your fault. Don’t ask me to do the same thing again. You don’t get a song and nobody will.


De indirectas y otras cosas que no debería escribir pero igual las escribo

Now Playing:

Cómo gasto papeles recordándote
cómo me haces hablar en el silencio
cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me vea nunca contigo…

– Silvio Rodríguez — Te doy una canción –

1. Los síntomas

Para los que me han leído desde hace años, sabrán que a menudo escribo indirectas por aquí. Sin embargo, desde hace un tiempo intento activamente no hacerlo, por varias razones. Principalmente, porque escribir indirectas tiene varios problemas en sí:

  1. Es decir cosas que debería decir de frente. Es cierto, algunas de esas indirectas son más bien banales, pero algunas no lo son y tienen un(a) destinatario(a) único(a).
  2. No buscan realmente un diálogo. Como parte del punto anterior, no aviento esas indirectas porque esté buscando un diálogo, sólo quiero decir algo sin tener que oír una réplica. Tal vez no estoy preparado para una respuesta desagradable.
  3. Son un ejemplo de «wishful thinking». Escribo indirectas porque en el fondo estoy esperando que el destinatario lea todo lo que pongo aquí. Eso es increíblemente egoísta de mi parte.
  4. A veces (99% de las veces) pienso que en realidad nadie me lee y las indirectas son una carnada, una forma fácil de «forzar» una situación en la que mi destinatario admite que me lee o admite, por omisión, que no lo hace. Lo más patético de este punto es que ni siquiera es lógicamente correcto (hay muchas otras posibilidades).

Comprender estos puntos me ha llevado años y hoy puedo decir mucho más fácilmente que antes que echar indirectas no es sano para el cuerpo ni para la mente. No construye relaciones, especula sobre la información que se tiene y que casi siempre es incompleta o incorrecta, crea paranoia, celos, inseguridad y/o ansiedad. Crea conflicto en lugar de destruirlo.

2. El problema

Sin embargo, una cosa es memorizar la lección y otra muy diferente es aprenderla. Claro, ahora sé que escribir indirectas (aquí y en cualquier lugar) no es nada bueno, pero aún no me deshago de las ganas de hacerlo de vez en cuando. ¿Por qué? No lo sé exactamente, pero sospecho que tiene que ver con las ganas de desahogarme.

«Desahogarse» es siempre algo sentimental, algo subjetivo. Es querernos librar de un mal sentimiento por vías que casi nunca son racionales: pláticas, alcohol, peleas, malos poemas, largas sesiones de música y lágrimas y muchos otros comportamientos. No digo que sea algo malo, pero creo que hay que tener mucho cuidado en cómo nos desahogamos. Los excesos son malos y rumiar demasiado tiempo un mal sentimiento puede causar daño permanente.

Creo que se puede ser irracional y creo que a veces es necesario ser irracional para dejar salir muchas cosas que lo «racional» no permite. Ejemplo: Penn Jilette (de su libro «God, no!«)

En otras palabras: esos impulsos irracionales están ahí, son parte inherente de nuestra naturaleza humana y es bueno dejarlos salir de vez en cuando siempre y cuando no nos dejemos guiar por ellos.

3. La(s) paradoja(s)

Vamos a imaginar que hablo de una sola persona a quien le escribí muchas indirectas en este blog. En realidad es más de una y no todas las indirectas fueron escritas aquí y no todas las indirectas tenían un trasfondo romántico (en realidad, sólo una minoría eran así) pero voy a simplificar todo porque así es más fácil de escribir.

Muchas veces vi publicaciones en Facebook acerca de tal o cual aspecto de su vida: relaciones, la vida de una overachiever académica, los lugares a los que fue y lo que hace de su vida en general. Debo admitirlo: muchas veces estuve tentadísimo a comentar «Nobody gives a fuck» después de ver (según mi mente) por enésima ocasión el amanecer visto desde Playa Quiensabequé. Por mí podía haberla tomado desde Patolandia.

Justo antes de presionar «Enter» me daba cuenta de lo estúpido que era ese comentario y lo estúpido que me vería poniéndolo. Me frené, pero el pensamiento no se fue.

El gran problema con las ideas que no se van es que uno las mastica todas juntas y pasa por varias etapas, lo mismo que hace una vaca con su pasto. Al final uno tiene un montón de ideas masticadas y medio digeridas y que ya no se parecen nada a lo que eran en un principio.

Esto es un problema porque enmascara las malas ideas. Cuando ese proceso sólo tiene ideas buenas o potencialmente buenas, el resultado es pasable en el peor de los casos y brillante en el mejor. Pero si metes ideas contaminadas o sucias como «Nobody gives a fuck» el resultado siempre será malo y contaminado, pero puede estar enmascarado por otras ideas que parecen más justificables.

Continuando con el ejemplo de las fotos de Patolandia, escribí un pequeño ensayo hablando de cómo uno debe mantenerse fiel a sí mismo. Después de página y media, me di cuenta que el ensayo se debería titular: «Me caes mal y voy a escribir todas las cosas que haces mal. Ergo, soy mejor que tú«. Borré todo y salí a caminar una hora. Me sentí como si me hubiera salvado de que un cohete me explotara en la cara. No quiero volverlo a hacer.

4. El punto bajo

Ella siempre me alabó ser alguien «increíblemente creativo». Lo dijo después de que le diera un poema, después de que escribí mi primer (pésimo) libro de cuentos, después de un recital de piano, después de participar en un concierto con otros 3 coros y después de muchos otros «logros creativos». Bullshit.

Eso no es ser creativo: eso es la suerte de tener una familia que apoyó muchos de esos «hobbies» durante mi infancia, una familia que nunca me juzgó y me impulsó a buscar más que la vida académica que la escuela ofrecía, una serie de maestros que me hicieron crecer en esos «hobbies» y, como efecto secundario, me ayudaron a conocerme mejor a mí mismo. Eso y una completa ignorancia de lo malo que eran el poema y el libro y el recital y todos esos logros.

Eso llevó, años después, a que ahora la veo a ella como alguien completamente aburrida. No sé qué le apasiona. Sé que le gusta leer, pero eso es demasiado genérico; no hay dos lectores iguales. De mis amigos sé quiénes son Potterheads y quiénes son Whovians; sé quiénes le van al América o al Chivas; quiénes corren maratones y quiénes hacen bici de montaña; quiénes son voluntarios en una editorial o en un asilo de perros….

Tal vez en realidad no recuerde todo eso, pero tengo bien en claro que la gran mayoría de mis amigos tiene esos pasatiemos y hobbies y pasiones que los definen mucho más que sus estudios o título universitario. De ella no recuerdo nada. Sé que le apasiona su trabajo, aunque jamás me ha dicho exactamente qué es. Jamás me ha presumido ser fan de una serie de TV, de libros, manga, anime, cómic o novela gráfica. No sé si está obsesionada con algún autor, dibujante, deportista, cantante, músico o periodista. No encuentro en ella ninguna de esas obsesiones sanas que te llevan a crear y a pensar siempre en algo más.

Eso es aburrido: me encanta conocer a personas con ese nivel de obsesión. Me da miedo que sea contagioso y que me quite mis «rarezas» para convertirme en alguien normal. Me da tristeza que al pasar de los años la recuerdo por rasgos relativamente genéricos de su personalidad.

5. La redención

No debería escribir/publicar esto, pero lo escribí y le he dado tantas vueltas que no publicarlo nada más me crearía basura mental y va en contra del punto número 5 de este Manifiesto. Lo publico porque no hacerlo sería una hipocresía, pero moralmente no debería hacerlo. Al menos ya lo admití.

Of fire and ashes

Now Playing:

My hands, they’re strong
But my knees were far too weak
To stand in your arms
Without falling to your feet

(…)

Tonight we are young
So let’s set the world on fire
we can burn brighter than the sun
tonight

— Mashup Germany – Fun vs. Adele; Set the world on fire —

Fire!

Estimado lector, la entrada de hoy puede localizarla aquí en formato HTML o aquí en formato PDF. Gracias.

Foto: Jon Cage, usada bajo una licencia Creative Commons Attribution-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-SA 2.0)

De los sentimientos de añoranza

Now Playing:

And to see you’re really only very small,
And life flows on within you and without you.

– The Beatles – Within you, without you –

Just THINK : ABOUT IT : Just write a title, YOUR thoughts....ENJOY! :)

(Basado en una historia real y reciente)

El otro día que platicamos me di cuenta de una cosa: te extraño más cuando platico contigo.

Cuando no estás, puedo imaginarte. Puedo recordar desde tu tono de voz hasta la cara que harías cuando te cuento uno de mis pésimos chistes. Te conozco tan bien que me imagino qué dirías si te cuento mis planes locos o si te presumo mis aventuras más recientes.

Te extraño cuando no estás, sólo que de forma diferente. Te extraño porque te quiero y porque quisiera que estuvieras aquí como si no hubieran pasado los años, cuando todavía nos estábamos descubriendo sin saber  nada el uno del otro.

Pero cuando estás aquí, platicando conmigo, me doy cuenta que no eres la persona que extraño. No queda en tí nada de esa persona que extraño. ¿Me ilusioné o me ilusionaste? En realidad no importa, cuando platicamos me di cuenta que extraño a una persona que no existe, a un fragmento de mi imaginación. Estos sentimientos de añoranza ya no tienen en quién apoyarse y pronto caen, indefensos, a estrellarse la cabeza contra el piso.

Foto: UggBoy, usada bajo una licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic (CC BY 2.0)

Réquiem escrito

Now Playing:

Funeral in Arkhangelsk
Foto: Funeral en Arkhangelsk

Creo firmemente que una buena parte de nuestra infelicidad viene del conflicto entre varias partes de uno mismo. Nos tendemos trampas, ignoramos lo que no debe ser ignorado y le damos más importancia a las cosas incorrectas. Pensamos en la felicidad de forma incorrecta y nosotros mismos nos saboteamos. La felicidad, creo yo, es algo más bien raro en nuestro estilo de vida:

Okay, when it comes to happiness in general, I definitely have no idea what makes what or what adds up to what. I just feel like, sure — we’ll all have high highs of wide eyes on graduation stages, father-daughter dances at weddings, and healthy baby screeches in the delivery room. But those big violin crescendo moments are maybe.. like, five days total in your life? I mean, I get to flip to the cold side of the pillow every single night if I can’t fall asleep and every single time it gives me a tiny fleeting rush of ice cold satisfaction on my cheek.(via)

La felicidad tiene mucho que ver con muchas cosas que no nos imaginamos, que suenan contrarias al sentido común o a la cultura en que vivimos. La vida no viene con un manual de instrucciones, mucho menos con una lista de reglas que seguir. ¿Por qué seguimos cayendo en los mismos patrones y obteniendo los mismos resultados? Algo debe cambiar y ese algo no debe ser dejado al azar, es uno mismo el que tiene que cambiar.

Por eso he comenzado a pensar en la destrucción, en lo que no sirve y debe ser derribado. Muchas cosas en mi vida no están vivas, pero me empeño en guardar el cadáver para recordar cómo era el pasado. No cierro los ciclos porque no lloro las muertes como es debido. Desde luego, eso no es sano ni para el cadáver ni para mí: es digno y necesario enterrarlo.

Éste es un réquiem, en la que comienzo a desearle a los muertos de mi vida que les vaya bien en su otra vida. Deben regresar por donde vinieron y que alimenten nuevas experiencias como un cadáver alimenta las plantas. Les dedico un rezo, un lugar de reposo y una lápida en la que inscribo mi despedida. Me doy la vuelta para no volver.

Las constantes

Now Playing:

At the Cavan cross each Sunday morning, there she can be found
And she seems to have the eye of every boy in Cavan Town
If my luck will hold I’ll have the golden summer of her smile
And to break the hearts of Cavan men she’ll take to me a while

– The High Kings –

Después de los primeros cursos de álgebra, podemos recordar que normalmente x es una incógnita (es decir, un número cuyo valor desconocemos de momento). Para resolver esos problemas nos aprendimos varias reglas y trucos que tienen que ver con balanzas y operaciones «contrarias»; aprendimos sobre potencias (a2 + 2ab + b2) y logaritmos y bases y límites y cálculo y muchas otras ramas del arte de las matemáticas.

Pero por más que intento recordar, no hallo ningún momento en el que me dijeran que la x que está en la primera línea tiene el mismo valor que la x que está en la segunda, tercera y n-esima línea. Piénsenlo un poco y verán que si no se los dicen no es en realidad algo tan intuitivo (claro, hasta que te explican que son simplemente continuaciones de la misma ecuación y por lo tanto son simplemente diferentes formas de escribir la misma expresión. Sé suficiente de matemáticas). Imagínenselo de este modo: si alguien completamente nuevo a las matemáticas viera esa imagen sin ninguna explicación, no hay nada que le indique per se que el valor de x es el mismo en todas las ecuaciones aún si no sabemos cuál es ese valor.

Sin adentrarnos más en teoría, quiero quedarme en ésa idea: el valor de x es constante dentro de un mismo sistema.

Vamos con un poco de realidad. El sábado me quedé hasta altas horas de la noche hablando con una persona muy importante para mí; básicamente desmenuzando una parte de mi vida. Ese tipo de análisis personal, como sabrán, suele ser bastante feo y doloroso, porque te topas con un montón de ideas con las que no quieres encontrarte. Entre esas ideas me topé con que desde hace unos 7 años (es decir, aún antes de que iniciara este blog) sólo unas pocas personas (contadas con una mano), mi blog y el canto han sido constantes en mi vida: han soportado todos mis cambios de actitud, de valores, de habilidades, de escuelas y hasta de humores. Son un pilar en mi vida.

Sólo un día después (domingo) me encontré leyendo junto a otra persona «pilar» un ensayo («The corrosion of Character» de Richard Sennet, léanlo cuando tengan tiempo) que trata sobre un tema más o menos similar: los cambios que provoca el «nuevo capitalismo» en las personas. Para que se den una idea:

[…]short-term capitalism threatens to corrode his character, particularly those qualities of character which bind human beings to one another and furnishes each with a sense of sustainable self.

O lo que es lo mismo, la pérdida de aquellos valores, ideas y cualidades que nos han acompañado durante muchísimo tiempo y sobre los cuales nos construimos internamente. La falta de pilares, de cimientos humanos.

Después de mucho chillar este fin de semana, me quedé sentado en mi cama y me di cuenta de que todo estaba ahí, incluso yo. Recordé lo que me decía un amigo y lo que leí hace poco en Raptitude:

There’s no feeling like it when something ordinary is happening, and everyone’s being ordinary, and yet in your private mental space you’re seeing it all from way down the road, after these wonderful people are gone. An ordinary moment, adorned with such irreplaceable people, is so rich and perfect that you’d give anything to be right back in the middle of it. And then you realize that you are.

Pensé en mis pilares y en todo lo que tengo. Algo en mi vida es como esa x; una constante cuyo valor desconozco; pero constante al fin; constante en todas las formas que adopta la ecuación de mi vida. Una constante que es el problema y el sostén de todo, que existe sólo para saber cuánto vale, para alegrarnos de resolver el misterio.

Esas constantes son desconocidas, pero están ahí. Sólo me hace falta descubrirlas para valorarlas. Están amenazadas por muchas cosas que no construyen, están ocultas entre muchas otras cosas fáciles de encontrar pero que no presentan problemas y por lo tanto, no enseñan ni construyen nada.

Gracias a esas constantes hoy estoy aquí y soy quien soy. ¿Quién sabe si hay algo que hoy es trivial y mañana resulta ser otra constante? No lo sé, tenemos que aprender a descubrir esas constantes en las cosas más cotidianas, las que damos por sentado. Ésas son las que más hay que cuidar.

¿Cuáles son las constantes de tu vida? ¿Por qué? ¿Cómo te sostienen? Siéntanse libres de compartirlo conmigo aquí en los comentarios

Citas, citas, citas

Now Playing:

¿Quién promete eternidad?

– Juan Pablo Villa –

Durante los años que te he conocido, siempre me has recordado una frase, siempre la misma. Hace unos pocos minutos la volví a leer en otro lugar, completamente diferente a lo que tú y yo compartimos.

No es una frase nueva para mí: viene de un libro que leí hace muchísimo tiempo. Tanto tiempo hace que olvidé de dónde proviene. Hace unos minutos recordé ese libro y te recordé a tí. Sin embargo, el contexto entero era diferente, me planteó una pregunta desde un nuevo punto de vista.

¿Cómo es que una misma frase puede plantearme dos preguntas? Una, la que tú me diste, me preguntaba sobre lo que hacías, sobre lo que hacíamos. La que me dio este papel me pregunta sobre lo que soy, lo que hago para mí, mi lugar en el universo.

Sé que estoy escribiendo «muy críptico» y lo hago a propósito, no quiero revelar la frase para no obtener una respuesta. Quiero reflexionar sobre lo que significa tener la misma frase que tú me diste y reinterpretarla sin tu contexto (o mejor dicho, sin tí como contexto)

Evidentemente el autor quería decir algo al escribir esa frase, pero ahora ha cobrado dos significados. ¿Qué pensaría el autor? ¿Estaría de acuerdo? ¿Cuál de los dos significados escogería, si es que escoge alguno?

Es una lástima: probablemente hemos malinterpretado a alguien que, ya muerto, no puede defenderse ni explicarnos su idea. ¿Cuántas otras citas no habremos malentendido? A lo mejor pensé que te quedaban perfectamente y te las di sin más, sin ponerme a pensar si realmente estaría expresando lo que esas letras querían expresar.

Supongo que nunca lo sabremos así como nunca podremos tener letras perfectas, porque nacen de nuestros corazones imperfectos. Siempre tendremos al error presente y escondido. Siempre podremos malinterpretar(nos) y siempre nos quedaremos con la duda. ¿Para qué te escribo, entonces?

Te escribo, sencillamente, porque sabes leer. Tengo fe en tí.

No me sé explicar

Now Playing:

Las cosas buenas ya contigo las viví
y contigo aprendí
que yo nací el día que te conocí

– Filippa Giordano –

(El siguiente es un post bastante largo, dedicado a nadie en particular porque es más fácil para mí escribirle a un plural imaginario. Si quieres la versión resumida está aquí: mi creatividad puede haber sido mellada, pero no eliminada. )

No sé de dónde sacan esas ideas, a lo mejor es que no me expreso correctamente.

Es cierto, estoy viviendo una separación o una despedida, no estoy seguro cuál de las dos. Ya mencioné que no sé cuánto tiempo durará y debo aguantarme con mi decisión («plan for the worst, hope for the best«) aunque me duela. Estoy viviendo una etapa completamente nueva para mí, algo que nunca planeé, no puedo evitar y definitivamente no me gusta, me da miedo. Supongo que es parte de la experiencia.

Pero no sé de dónde sacan ese consejo de que «debo seguir haciendo lo que me gusta, no basarlo sólo en una persona» ¿Qué me quieren decir? ¿Creen acaso que todos estos años he hecho todo lo que he hecho sólo por una persona? Lamento decirles que están muy equivocados.

Sí, una sola persona es capaz de inspirarme muchas ideas y puede darme ese empujoncito emocional que me lleva a escribir o a cantar con mi guitarra. Este evento ciertamente impactará en este blog y en mi tumblr y en cada cuaderno y cada canción que toque de hoy en adelante, pero no lo detendrá.

Quiero dar a entender dos cosas. La primera es que no tengo intención de dejar de escribir nunca. Podrán pasar muchas cosas, podré cerrar este blog y aislarme de todo el mundo, pero seguiré escribiendo, seguiré cantando. Nunca he atado toda mi capacidad creativa a una sola persona y no pretendo hacerlo aunque sea la mujer más perfecta para mí.

¿Por qué? Sencillamente porque no escribo por estar enamorado o por estar enojado o triste. Escribo porque encuentro en escribir una satisfacción única, una oportunidad de escucharme a mí mismo y de entender un poco más todo lo que me rodea. Si escribo cuando estoy enamorado o triste es simplemente porque la emoción es accesoria, es una emoción que me acompaña en el momento. Escribir es para toda mi vida (o al menos eso espero). Escribo porque no sé hacer otra cosa, porque no tengo el valor de escaparme como hacen otros, porque no me es fácil comunicarlo de otra forma, porque estoy un poco loco y necesito liberar mi locura antes de que le haga daño a alguien. Escribía antes de conocerla y seguiré escribiendo hoy y mañana y al día siguiente. Lo mismo va para cantar, para dibujar, para soñar, para hacer matemáticas.

Es cierto, no escribiré igual y no escribiré de ciertos temas, pero no por alejarme de alguien voy a abandonar toda acción creativa. Seguiré escribiendo y cantando aunque ello signifique escribir y cantar peor y sin ánimos.

La segunda cosa que quiero decir es que hay cosas más importantes. Si les platiqué de todo esto no es para que se preocupen de mis letras o de mis canciones, no es para que me intentaran convencer de que siga escribiendo, no es para oírlos decirme que no debo basar mis palabras sólo en una persona. Creo que no me di a entender cuando les dije que ahora escribir, cantar será muy diferente porque paso por una situación desconocida. Quería decirles simplemente que voy a seguir adelante y eso quiere decir seguir haciendo errores (porque qué aburrida una vida sin errores) y necesitaré su ayuda.

Gracias por (escuchar) leer

Capítulo desconocido

Now Playing:

Lo que tenga que ser, que sea.
Y lo que no por algo será.
No creo en la eternidad de las peleas,
ni en las recetas de la felicidad.

Cuando pasen recibo mis primaveras,
y la suerte este echada a descansar,
yo miraré tu foto en mi billetera,
y que sea lo que sea.

– Jorge Drexler – (Recomendación de @natsukigamer)

Me gustaría comenzar con un «Érase una vez…» pero no puedo hacerlo, porque no sé si lo que voy a contarles es el inicio, la mitad o el final de la historia. Desgraciadamente sólo cuento con los hechos pero no puedo decirles bién qué parte de la historia es.

Es mi historia. El protagonista (o sea yo) se embarca hoy en una nueva aventura.

Como todos las grandes aventuras y las grandes historias, hace falta algo (llamado en literatura el conflicto aunque no sea necesariamente un problema) que ponga toda la historia en movimiento: si no hubiera algo así, las cosas seguirían como siempre y en lugar de una historia, sólo habría una vida «normal» (ejemplo de conflicto: la llegada de Buzz en Toy Story). En cambio, las grandes historias tratan de gente extraordinaria, de sus buenos y malos tiempos, de cómo avanzan por las dificultades… es gracias a sus habilidades particulares que sale de los conflictos y entra a otros.

Como les había dicho, el protagonista se embarca en una nueva aventura. Esto es porque ha habido un cambio sustancial, algo que ha alterado por completo su situación y su vida ya no es igual. El protagonista es empujado a vivir su aventura como un ciego: no sabe qué pasará ni cuál será el final (ni siquiera sabe si habrá un final).

Hoy comienza la nueva aventura, pero el paisaje es sombrío y el protagonista tiene dudas. Hoy es apenas el primer día y ya comienzan a sentirse las dificultades de emprender este viaje. Hoy es el día uno pero el protagonista no sabe cuántos días serán. El protagonista comienza sin conocer el final, sin saber si será feliz o trágico; sin nada más que la determinación o la necesidad de seguir adelante.

El protagonista pasará dificultades y necesitará aliados. Sólo así podrá llevar a cabo su misión. Y quién sabe, tal vez sea una historia digna de recordarse y transmitirse. Sólo el tiempo lo dirá

La memoria colectada

Now Playing:

Please don’t be long or I may be asleep

– The Beatles –

Me pregunto qué dirá la gente sobre nosotros en unos años, cuando ya seamos viejos o tal vez cuando estemos muertos. Tal vez algún historiador usará un aparato especial para poder acceder a las fotos que tengo guardadas en la computadora. Va a ver que fotografié cosas, grupos de personas y alguna que otra foto en la que salgo yo mismo.

Si llego a ser famoso, el historiador se preguntará quiénes son esas personas que salen a mi lado en la foto. Ahora lo sé, desde luego pero él no lo sabrá. Son mis amigos, mis compañeros de la carrera, mis amigos que he conocido por Twitter, por el blog. Algunos pocos de otros lugares: de la prepa, la secundaria, de aquellos modelos de la ONU o algún otro evento memorable en el que las fotos eran necesarias.

Después, él posiblemente iría a buscar contigo, todo lo que tú tengas y verá también tus fotos. Posiblemente serán parecidas a las mías: llenas de amigos, de paisajes y de lunas. Después irá con alguien más y con alguien más. Va a terminar con un montón de fotos, de mensajes y de papeles entre nosotros.

Sin embargo (y ésto es algo triste) él nunca podrá tener todo lo que somos nosotros.

Me di cuenta que casi no tenemos fotos tú y yo, pero aunque tuviéramos mil, ese historiador nunca, nunca tendrá evidencia de nosotros, de toda nuestra historia de todo lo que hemos pasado juntos. Ni aunque lograra juntar todas las cartas, las notas, los papeles que nunca te mandé; no podrá tenerlo todo. Desde luego, él intentará armar su conclusión con la evidencia que tiene esperando acercarse lo más posible a la verdad.

Bajo ese enfoque, sólo tú y yo podemos tener la verdad sobre nosotros, sobre la historia porque nosotros mismos la vivimos. Sin embargo, yo mismo no estoy seguro de lo que ha pasado. ¿Qué ha pasado? Si ese historiador quisiera la verdad, tendría que viajar a su pasado (es decir, nuestro presente) y nos tendría que citar en su oficina a tomar café. Ahí nos entrevistaría y la respuesta oficial tendría que ser sólo aquello en lo que los dos estemos de acuerdo.

Seguramente habrán partes en las que sólo tú o sólo yo recordemos lo que pasó y dependerá del historiador si entrarán en su tesis o no. Al salir de la junta, él regresará a su tiempo y todo será más claro entre nosotros. Me gustaría poder leer ese libro, ahora mismo pero no puedo, de modo que para conocer la verdad, la memoria colectada entre tú y yo tendré que buscar otro modo. Espero que me ayudes, porque no quiero llegar a viejo y ver que publique un libro llamado «Cómo NO construir una relación»

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