Reflexiones sobre el consumo en 14 viñetas

Publicado originalmente en en dominio anterior, el 2016-08-15 -A.

  1. Voy leyendo los comentarios de MetaFilter acerca de esa supuesta carta de un ex-empleado de WB acerca de Suicide Squad.
  2. Aún no veo la película, así que no puedo decir qué tan buena o mala es, pero sí me doy cuenta de un problema fuerte de estos tiempos:
  3. Tenemos medios para consumir hasta hartarnos, pero no sabemos cómo consumir, cómo discernir y cómo exigir algo mejor
  4. Y el gran problema de esto es que seguimos consumiendo como lo hacían hace varias generaciones, cuando había relativa escasez
  5. Por eso se consumen medios (películas, música, videojuegos…) como vienen, aunque sean basura. Como si no hubiera algo bueno
  6. La trillada frase de “votar/hablar con tu dinero” es sólo el inicio, el chiste es ser consumidores conscientes
  7. Ahorita compran preventas de juegos que terminan siendo un fiasco, pero el estudio ya se llevó el dinero
  8. Por eso, el estudio tiene el incentivo de seguir sacando algo chafa, “a fin de cuentas lo van a comprar”
  9. Las preventas, un producto que está eternamente en versión beta, un guión mal adaptado, todos son síntoma de lo mismo
  10. Quizá un buen primer punto sería preguntarnos realmente si disfrutamos de esa película, disco, videojuego; si valió la pena el gasto
  11. Y después recordarlo para las siguientes compras. “EA tiende a hacer juegos chafas, no lo compro sin descuento”
  12. Recordar en el cine que “la última peli de DC fue mala, quizá no vale la pena esta vez”. Ir midiéndole el agua a los camotes
  13. La alternativa es seguir comprando medios mierda, esperando que “los demás” cambien. Sueños guajiros
  14. Cría medios chafas y te sacarán los billetes. Fin del rant.

Papeles perdidos X

Publicado originalmente el 2016-07-22 en el dominio anterior -A.

Adiós

Sin cumplir todos esos planes, lo cual nos demuestra que nunca nos cansamos de soñar,que nunca nos detuvieron los malos tiempos, los buenos ratos ni las mil promesas sin fecha fija.

Sin respuestas a muchísimas preguntas (como el significado del perdón, como el sabor de la comida de aquel lugar) y con la eterna duda de qué habrías dicho si yo hubiera preguntado. Sin saber por qué esa vez dijimos que no y por qué esa otra vez nos admitimos que sí.

Sin entendernos del todo, sabiendo que uno mismo nunca deja de conocerse. Sin saberlo todo del otro, pero sí con el deseo de explorar. Sin confesarnos todos los secretos y a la vez agradecidos por el mutuo respeto al misterio

(sin fecha, pero basado en el cuaderno donde lo encontré tiene que ser poquito después del 14 de septiembre de 2011 por éste post)

Dos situaciones

Publicado originalmente en 2016-07-13 en el dominio anterior -A.

Creo que todos y todas hemos tenido un alguien que nos arranca suspiros casi en silencio (no vaya a ser que alguien más se entere) y luego nos venimos a enterar que hay un otro u otra que hace todo difícil, si no imposible. Ni modo, al menos lo supimos “pronto” y no nos ilusionamos tantísimo. Digamos que éste es el “realismo“.

Hay otra situación (“derrotista“) de tirar la toalla ante la mera posibilidad de un futuro bonito. Que si el corazón roto, o las memorias, o no estar listo o qué sé yo.

Gracias a mis nada extensivos conocimientos de la psique humana, me atrevo a postular que hay una tercera situación, el momento en el que la postura realista y la derrotista están tan cerca que son indistinguibles.

Una pista de su existencia es que se dan excusas válidas, pero no hay nada que lleve lógicamente siquiera a hacerse esas preguntas. Por ejemplo, puede surgir la excusa (¿válida?) de que los amantes potenciales viven en distintas ciudades mucho antes siquiera de que la conversación se acerque a ese punto.

Quizá es un ejemplo exagerado, pero sirve para ilustrar mi punto: se ven las deficiencias de los puentes antes de llegar a ellos, basándose en las experiencias pasadas. De esta forma, se puede armar un argumento que suena muy convincente, basado en evidencia anterior, pero sin ninguna base en la situación de la realidad actual.

Sin extenderme mucho, creo que es necesario a) reconocer que esto es un problema, b) que está más extendido de lo que creemos, y c) que merece la búsqueda concienzuda de una cura, medicina, inyección o tratamiento para dejar las cadenas innecesarias en el suelo.

Así que si saben de alguna posible solución, por favor díganme cuál es.

Me di cuenta (I)

Publicado originalmente en 2016-07-08 en el dominio anterior -A.

  • Me di cuenta, por unos segundos, cómo es que estar muy feliz puede ocultar algo terrible
  • Me di cuenta que cada amor imposible es más imposible que el anterior
  • Me di cuenta que cada amor imposible me hago más necio, más atolondrado
  • Me di cuenta que debí irme cuando todos se fueron del bar

Papeles perdidos IX

Publicado originalmente en 2016-06-22 en el dominio anterior -A.

Pienso que no somos dueños de nada, que pedimos prestado de lago o alguien. ¿Quién? Ojalá lo supiera. Tenemos que averiguarlo, tal vez es parte del secreto de la vida.

¿Alguien ha pensado en ello? Tal vez las dificultades de la vida son la deuda, los “intereses” que nuestros ancestros no lograron pagar. Ahora tenemos una deuda propia y estamos teniendo un crédito de quién sabe quién y ponemos a los hijos como fiadores.

¿Alguien se ha sentado a hablar con ese banco, con los acreedores? ¿No hay nada que hacer por esta deuda milenaria?

Tal vez ése es el mensaje que nos querían dejar Jesús, el Buda, Gandhi, Lennon y tantos pacíficos espíritus olvidados de todos

Te extraño a veces

Publicado originalmente en 2016-06-21 en el dominio anterior -A.

Te extraño cuando noto que no estás aquí. Te extraño porque puedo mezclar el pasado con un presente imaginario y me parece mejor que el real, más vivo, más colorido. Te extraño porque alteras el mundo sin tener que estar cerca.

Tengo sentimientos encontrados, por las memorias de mil momentos, por pensar que tú no estás aquí pero también porque yo no estoy ahí. La distancia se duplica porque los dos nos buscamos pero decidimos no encontrarnos.

Te extraño de camino a casa, cuando paso por la calle que antes tomaba para desviarme hasta tí. Te extraño cuando mi camino es cinco o diez o veinte minutos más corto desde que no paso casualmente por tu barrio y me quedo en tu café a ver si hoy te decides a entrar.

Te extraño también entre el segundo y tercer café, cuando me doy cuenta que esta vez no llegarás. Te extraño antes de la primera caminata y después de la última cerveza. En esos momentos escondidos tras la esquina que me llegan como una mariposa a merced del viento. Es fugaz y también persistente.

Sólo te extraño a veces, pero siempre me dejas la misma sonrisa inevitable y las mismas ganas de volver.


Zayas comenta:

Me encanto. Muy real, y con sentimiento…. esas son las acciones cotidianas que muchas veces pasan desapercibidas pero que nos hacen vivir.

Te extraño a veces

Publicado originalmente en 2016-06-21 en el dominio anterior -A.

Te extraño cuando noto que no estás aquí. Te extraño porque puedo mezclar el pasado con un presente imaginario y me parece mejor que el real, más vivo, más colorido. Te extraño porque alteras el mundo sin tener que estar cerca.

Tengo sentimientos encontrados, por las memorias de mil momentos, por pensar que tú no estás aquí pero también porque yo no estoy ahí. La distancia se duplica porque los dos nos buscamos pero decidimos no encontrarnos.

Te extraño de camino a casa, cuando paso por la calle que antes tomaba para desviarme hasta tí. Te extraño cuando mi camino es cinco o diez o veinte minutos más corto desde que no paso casualmente por tu barrio y me quedo en tu café a ver si hoy te decides a entrar.

Te extraño también entre el segundo y tercer café, cuando me doy cuenta que esta vez no llegarás. Te extraño antes de la primera caminata y después de la última cerveza. En esos momentos escondidos tras la esquina que me llegan como una mariposa a merced del viento. Es fugaz y también persistente.

Sólo te extraño a veces, pero siempre me dejas la misma sonrisa inevitable y las mismas ganas de volver.

De bailes y sueños

Publicado originalmente en 2016-02-07 en el dominio anterior -A.

Una sola, repetida quién sabe cuántas veces; caminando, comiendo y simplemente sentado para ver a oscuras una escena que la canción me ayudó a crear. Escucha, cierra los ojos y repite y escucha y cierra los ojos. Repite. Repite. Repite.

La salsa llegó a mi vida mucho antes, pero no le había puesto atención hasta un día del año pasado. Entre una cerveza y otra se calló todo el lugar mientras alguien iba a alimentar de monedas a la máquina. Esta escena era igual a todas las demás veces, salvo por lo rápido que se levantó la pareja frente a mí: apenas habían sonado unos acordes cuando voltearon a verse y con un levantar de cejas se pusieron de acuerdo. Dos segundos después ya estaban entre las mesas, esquivando sillas al compás del güiro.

Allá van, moviéndose con ganas y viéndose fijo a los ojos a cada oportunidad. Algo hay en ellos que no tienen las demás parejas. Algo escondido en mis memorias que se despiertan.

Fue otra noche, casi todas mis memorias son de noche. Fui para ver una gala de programas culturales universitarios y yo estaba particularmente emocionado por la orquesta. Por las cuerdas. Por una chelista en particular que me había invitado a verla. En el intermedio ella me confesó que tenía que quedarme para el programa de danza flamenca y salsa.

Desde luego que acepté. ¿Quién no? Es imposible decirle que no a alguien que abraza el instrumento con una pasión que se le sale por los ojos. Aproveché que se vaciaron otras butacas y me cambié a unas cuantas filas del escenario. Dio la tercera llamada y comenzó de nuevo.

Entre el movimiento y el maquillaje me tardé en ver que también tú estabas ahí, sobre el escenario. Bailando salsa y acomodándote el pelo con ese gesto en particular que nunca se te quitó.

Ése quedó como una de las muchas veces que nos vimos cuando no debíamos vernos, aún si fue solamente por casualidad. Ahí aprendí que habías aprendido a querer a la salsa como yo había aprendido a amar el canto. Se quedó guardado como una nota al margen antes de seguir nuestros caminos.

De regreso en el bar empecé a escuchar la letra con atención. Me di cuenta que ya había oído esa canción en alguna graduación, boda, fiesta de quinceañera, u otra fiesta genérica con bebidas y música. Pagué la cuenta y regresé a casa a dormir.

Dos días después llegó la recomendación musical de Spotify. Sorpresa, sorpresa, ahí estaba la misma canción. La dejé en un playlist para oírla de nuevo antes de dormir. Aunque el baile es muy movido, la canción en sí es suave y armónica. Con más calma me di cuenta que me gustaban el arreglo y la melodía. Vamos a oírla una vez más.

La letra me llevó inmediatamente a ti. No es una descripción perfecta de lo que nos pasó, pero se acerca lo suficiente como para que me recuerde a tí y a nadie más. Todo fue así, todo fue por ella.

Qué irónico: años y años después de que me recomendaras oír y bailar más salsa, ésta llegó a mi vida sin esfuerzo y me cuenta la historia de un chico que se aleja de una chica. Desde entonces me ha acompañado muchas veces, pero nunca como anoche.

Soñé que ya sabía bailar y que había decidido celebrar en algún club de salsa. Alguien me retó a bailar con los ojos vendados y acepté. Sonó la misma canción. Todo iba viento en popa, incluso cantaba los versos del coro entre vuelta y vuelta.

Al final del baile-sueño me levanté la venda y vi que tú estabas ahí. Aprovechaste que no veía y tomaste el lugar de alguien más. Sonreías mucho y me tomaste la cara para verte fijamente. Me mareé y salí corriendo hacia afuera. Me caí en las escaleras y desperté de golpe, ni siquiera estaba adormilado.

Hoy no me pude concentrar en nada. Todo me recordaba el agridulce de verte tan de cerca entre tu melena rubia hasta que no pude más. Tomé el ejemplo de la canción, abrí los ojos y con rabia arranqué de mi cabeza este post.

Y esa es la historia de cómo terminé oyendo salsa por una hora.

Sueños de matrimonio

Publicado originalmente en 2016-01-13 en el dominio anterior -A.

Anoche tuve mi primera fantasía del matrimonio.

En la sociedad que me tocó vivir, he visto muchísimos ideales del matrimonio. Que si dos hijos nada más, que si me pide matrimonio en la playa, que si nos casamos en Cozumel, Xel-Ha o San Miguel de Allende. El número de hijos (nunca de hijas), la casa que tendremos (?) y los viajes que haremos (???)

Los que me conocen bien saben que a mí me gustaría ser padre algún día, pero que aún no sé cuándo sea ese día. La verdad es que sí me gustaría tener una familia con alguien más, pero no tengo idea de cómo sería esa familia, ni de cuándo podría venir. He soñado con algunas personas para formar esa familia, pero nada más. Nunca he pensado en otras cosas como la boda en sí, la fiesta, la casa, los planes en conjunto. Nada.

Hasta anoche.

Soñé que me pasaba algo en relación a mi matrimonio. Algo que usualmente “sólo sueñan las mujeres” y que es el punto central de muchas comedias románticas de segunda en Hollywood. Soñé con eso y desperté pensando en lo bonito que sería si eso me pasara. Desde luego, es una fantasía guajira incluso para las mujeres; así que es casi imposible que me suceda a mí.

Aún así, hoy estuve pensando largo y tendido en ello y en lo bonito que sería, más allá de las posibilidades. Es el tipo de pensamiento que ocupa toda la cabeza cuando uno se enamora por primera vez y que deja de ser eficaz a medida que nos rompemos la mad…el corazón. No había sentido esa ligereza de caminar en muchos años.

Lo más curioso del asunto es que no pensé en ninguna persona en particular. Soñé que era una mujer, pero no pude ver su rostro. Soñé que era “el amor de mi vida” pero no era nadie que yo conociera. Tal vez tenía el pelo largo y chino pero eso describe quizá a la mitad de las mujeres que conozco en la vida. No podría decir quién era en realidad.

Pero sí me hizo sonreír sin querer un par de veces. Incluso hubo quien me adivinó la sonrisa en Whatsapp. Ese tipo de cosas no ocurren todos los días.

Así que si un día me encuentras, “amor de mi vida”, recuerda que ya hay un sueño y que nuestro amor siempre se juzgará en base a las imágenes azarosas que hizo mi cerebro una noche cualquiera de enero.

Llegaron los reyes!

Publicado originalmente en 2016-01-06 en el dominio anterior -A.

Hoy llegaron los Reyes a mi casa con un regalo bastante inusual.

Hoy en la mañana desperté y vi que en mi zapato había, en lugar de una caja o dulces como en otros años, un sobre blanco. Dentro de él habían varios papeles, pero me llamó la atención uno en particular que era diferente a los demás. Parecía que había sido arrancado de un cuaderno y sólo decía la frase “Un mes de renta y muchos meses de cariño”.

Ni tardo ni perezoso usé el regalo y me encontré sonriendo de oreja a oreja como no lo había hecho en mucho tiempo. Era como si hubiera estado viviendo literalmente debajo de una piedra y de repente alguien la quitara. Era como si de repente el aire se hiciera rico y espeso, como el primer trago de sopa caliente después de pasar días sin comer. Di un suspiro tan profundo que casi me desmayo intoxicado por oxígeno, un suspiro casi tan grande como los que ella me provoca.

Pero eso no era todo, no señor. Regresé a mi cama para descansar un poco de la emoción y me encontré otro sobre con la misma letra que decía “recibos”. Mi mente inmediatamente pensó en esos papelitos que los adultos intercambian cada vez que alguien compra o vende algo. A pesar de lo raro de este segundo sobre, lo abrí con el ceño fruncido.

Adentro solamente habían fotos. Una era del año pasado cuando me caí feísimo en la bici y pasé una semana sin doblar la rodilla derecha. Otra era de una alberca en Cuautla. Otra era del hotel Hilton y de la Alameda Central en el DF. Y así, habían muchas fotos con caras sonrientes, con amaneceres y atardeceres. Una que otra era de comidas (o bebidas) y otras más son de edificios olvidados por los historiadores. Todas ellas son del año pasado y yo sé exactamente dónde fueron tomadas.

Me di cuenta que esto era solamente un recibo sobre los muchos regalos que tuve el año pasado. Cada una de esas fotos era un momento que pude compartir con alguien más. Cada una fue un rato en el que, muy a pesar de la tristeza que cargo conmigo y especialmente en este año, hubo alguien ahí para mí. Hubieron muchas personas que decidieron de una u otra forma tomar un poquito de mi carga y ponérsela en la espalda. Puedo resumirlos en las dos grandes categorías de “familia y amigos” pero eso no alcanza a describir la décima parte de todo lo que cada uno de ellos y ellas significan para mí.

Hay amistades con las que platico casi a diario, de esas personas que saben los detalles del día a día: cuántas veces fui al baño y cuánto tiempo me tardé. Hay amistades que veo un par de veces al año con las que platico los temas que duran años, los problemas y sueños que vengo arrastrando y medio cumpliendo desde la secundaria o la prepa. Abrazos por whatsapp, por foto en Facebook y en vivo. Todos ellos valiosos.

El regalo de este año fue darme cuenta de cuánto dependí de ellos y ellas este último año. A veces no les compartía cosas porque sentía que era darles un peso innecesario, cargarlos de más (porque todos y todas tenemos nuestros pesares y dolores que cargar). No quería compartir esta piedra enorme porque temía que podía lastimar o ahuyentar a alguien más.

Después de tantos meses, las fotos me muestran que este no es el caso. Creo que he subestimado a mis amigos y amigas, por eso a veces no les digo todo lo que quiero o debo decir. Creo que si no fuera por ellos hoy estaría mucho peor y sin el regalo de un mes de renta en mi puerta.

Muchas personas dicen que soy inteligente, pero lo dudo: me toma muchísimo tiempo aprender lecciones tan sencillas como ésta. Incluso después de aprenderla, tengo que repasar varias veces al año. No me creo alguien inteligente, solamente alguien muy afortunado de rodearme de la gente que me rodea y afortunado de que estas personas han decidido seguir cerca de mí.

Estas son las personas que han sido mi regalo de reyes, desde el año pasado hasta hoy. Este es el verdadero regalo que recibí hace un año. El mes de renta me ayudó a respirar y calmarme lo suficiente para ver cuánto de mi vida se la debo a todos los que han estado ahí el año pasado. Un año lleno de cariño y amor en el sentido más puro de la palabra.

Sólo espero que este año me hayan dejado el mismo regalo.

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