Primera Ley de Parkinson aplicada a los pensamientos (II)

Hace unas semanas me encontré con los correos que envié y recibí al terminar la prepa y en mis primeros años de universidad. Vi conversaciones muy sinceras que tuve con gente que ni siquiera era tan cercana a mí.

(Continuación del post anterior–A.)

V. Algunas ideas que compartirles

V.1. Volver a los e-mails largos

Con un par de personas aún mantengo correspondencia «a la antigüita», con sobres y estampillas y un apartado postal. Es lindo e inmensamente gratificante, pero no es muy escalable por dos razones:

  1. Mis horarios son muy incompatibles con los de la oficina de correos, y
  2. Escribo mucho más rápido en un teclado que con lápiz y papel.

Ninguna de estas son dealbreakers en realidad. Dada la bajísima frecuencia con la que nos enviamos cartas, es muy posible mantener una buena conversación sin problemas. La bronca viene cuando me doy cuenta que quiero hablar más con mis amigos, quiero más conversaciones profundas y someras, quiero saber cómo están a pesar de que vivamos en ciudades o en países diferentes.

Hace unas semanas me encontré con los correos que envié y recibí al terminar la prepa y en mis primeros años de universidad y… los extraño mucho ¿saben? Vi conversaciones muy sinceras que tuve con gente que ni siquiera era taaaan cercana a mí. Una amiga compartía su decisión de cambiarse de carrera porque se dio cuenta que Medicina no era lo suyo. Otra contaba sobre su decisión de arriesgarse a vivir en otra ciudad fuera de la casa parental. Entre cadenas y cadenas1 hay pedacitos de humanidad y sinceridad que hoy he perdido un poco.

Quiero recuperarlos. Quiero volver a escribirle directamente a la gente que quiero, y que me escriban en respuesta. Platicar con letras y palabras sin un intermediario innecesario.

Pero Andy–dirán–¿No es suficiente con lo que ya tenemos? ¿Facebook y WhatsApp no son eficientes para ello?. La respuesta es que sí son eficientes, pero son demasiado eficientes. Puedo escribir en el muro de un amigo, pero sólo verá ese contenido si El Algoritmo™ decide que es la hora apropiada, o si las notificaciones solicitan la atención. Puedo mandar un mensaje, pero el formato en una pantalla pequeña no es bueno para mandar más que unas líneas.


Tal vez es una de esas nostalgias bien intencionadas pero que no son realistas. Solo de escribirlo siento que me observa el fantasma de «En mis tiempos…» y que es la primera señal de mi senilidad adelantada. Pero mi nostalgia también es por la estabilidad a largo plazo del Internet. No quiero que mi historia dependa de Zuckerberg, en todo caso el correo electrónico es más abierto y fácil de preservar.


La privacidad parece que se erosiona día a día y solicitar una dirección de correo es un acto o muy profesional o muy de cuidado. ¿Cuánto de nuestras bandejas de entrada son realmente escritas para nosotros? Sospecho que la mayoría de nuestros correos recibidos son:

  1. Del trabajo,
  2. Generados automáticamente por alguna empresa,
  3. Enviados masivamente, o
  4. Spam

Me gustaría ver más correos sencillos, entre nosotros. No necesariamente que me escriban a mí; pero que aprendamos a unirnos y comunicarnos sin tener que responder siempre a las preguntas «What’s happening? What’s on your mind?»

¿Tú lo harías?


Voyez’s Le Veillard en Reflexion’ .
Credit: Wellcome Collection.
CC BY


  1. Que, seamos honestos, eran de las peores partes del correo y que afortunadamente ya no existen en mis círculos inmediatos. 

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