Si sientes que el tiempo no existe

Cuando muchas variaciones se eliminan, parece que las cosas no cambian mucho de un día al otro. La rutina con variaciones y vicisitudes se vuelve una rutina llana y sin chiste. Una semana se parece a otro, el fin de semana se parece a los días de trabajo y en menos de lo que uno piensa, los meses se parecen el uno al otro.

Por si no lo sabían, ahora también tengo un podcast en el que hablo de cosas que merecen ganarse un reconocimiento. Lo que sigue es el «quión» del primer episodio. Denle una escuchada, se aceptan sugerencias, comentarios y una que otra mentada.

Hace unos días compartí en Instagram una herramienta muy sencilla para mantener la cordura. Hoy quiero hablar a fondo sobre ello. Hay 10 #AndyPuntos en juego.

¿Dónde estamos?

Durante los últimos meses, muchos de nosotros hemos estado en cuarentena, encerrados en nuestros hogares y sin salir más que para cumplir las necesidades más indispensables.

Es algo difícil de hacer. No importa si uno solía salir mucho o casi nada. Cuando uno tiene que estar encerrado, se siente casi de inmediato el peso de mantenerse sano en cuerpo y mente. Cuando uno tiene que estar encerrado se sienten de inmediato las posibilidades que se cierran. No sólo es la dificultad de no poder salir, sino la dificultad mental de haber perdido una opción.

Paréntesis: suena raro pero—creo—esto es lo mismo que pasa cuando nos enteramos que el chico o chica que nos gusta comienza a andar con alguien más. Aún si nunca planeábamos declararle nuestro amor, nos duele que se cierre esa oportunidad. Nos duele que esa «ventanita del amor se nos cerró». Pero comienzo a desvariar.)

¿Qué nos pasa en el aislamiento?

Mantenernos físicamente dentro de un solo espacio ha presentado muchos retos a las actividades que parecían casi triviales, como ir al trabajo o escuela. Viajar apretados en el transporte público, esperar en una fila cualquiera y salir a comer eran actividades muy cotidianas, pero todas ellas asumían que uno podía salir de casa con cierta libertad.

El aislamiento, cuarentena o distanciamiento social nos cambia esa estructura, esa rutina que—para bien o mal—era buena parte de la vida diaria para muchos de nosotros. Se volvió una rutina. Y eso no es malo. Las rutinas son, para muchas personas (incluyéndome) una especie de columna, algo que puede dar una medida de soporte y orden a la vida.

Por otra parte, ese tipo de rutinas casi nunca era completamente rutinario, ¿cierto? Piensen en cómo podía ser tomar el metro o camión de todos los días. A veces uno llegaba y estaba vacío, a veces estaba lleno. Tal vez los lunes se ponía un tianguis, tal vez los viernes hay chilaquiles en la fonda de la esquina. Tal vez los miércoles había alguna clase, o teníamos la costumbre de hacer limpieza los jueves, fiesta los viernes, descanso los sábados.

Sea como fuere, esa «rutina» entre comillas casi nunca era igual de un día para otro. Pero—y esto es algo importante—muchas de esas variaciones eran externas, es decir que venían de algo o alguien más. Es cierto que muchos elementos de la rutina eran predecibles—el tráfico, los compañeros o compañeras de trabajo, etcétera—pero aún dentro de esos elementos había mucha variación, nunca sabías si junto a ti se iba a sentar alguien con mucho perfume o con una mochila extremadamente grande.

Cuando estamos obligados por salud a estar encerrados, mucha de esa variación externa se ve reducida o eliminada por completo. Tal vez—como muchos otros—intentas mantener tu rutina de limpieza, de comida o de trabajo; pero aún así se van muchas de esas pequeñas variaciones de lo que antes sólo era «la rutina de todos los días». Tal vez—como yo—tu rutina se redujo a despertar, darse un baño, desayunar y comenzar a trabajar; y tu viaje sólo era de la cocina a la mesita o silla adaptada como oficina doméstica. Tal vez—como yo—al terminar la jornada laboral solamente te levantas de la silla para regresar a la cocina o a la cama; eliminando por completo ese tiempo intermedio entre «terminar» y «llegar a casa».

Créanme, sé bien de estas cosas. En parte, porque soy una persona más bien introvertida; en parte porque llevo en una suerte de cuarentena desde julio del año pasado. Llevo lidiando con esto bastante tiempo y quizá hablaré al respecto en un episodio futuro

Cuando muchas de esas variaciones se eliminan, parece que las cosas no cambian mucho de un día al otro. La rutina con variaciones y vicisitudes se vuelve una rutina llana y sin chiste. Una semana se parece a otro, el fin de semana se parece a los días de trabajo y en menos de lo que uno piensa, los meses se parecen el uno al otro.

Una nota sobre los muchos aislamientos

Antes de continuar es necesario mencionar que cuando hablo de «la cuarentena», «el encierro» o «el aislamiento», en realidad debería hablar de «los aislamientos».

Una de las ventajas que nos ha traído la tecnología es el poder compartir nuestro día a día con nuestros amigos, familiares y desconocidos de todo el internet. Una de las desventajas es que podemos recibir el día a día de nuestros amigos, familiares y desconocidos por igual.

Al abrir la página principal de nuestras redes sociales vemos por igual a la amiga que hace yoga en las mañanas, al amigo que cocina, a la pareja que pasa más tiempo con sus hijos, a quienes se acurrucan con una mascota, o un libro.

Es muy fácil ver ese tipo de fotos porque—seamos honestos–el algoritmo detrás de las redes sociales prefiere que veamos la versión más linda y más impresionante de la vida de los demás, incluso si es a mitad de una pandemia global.

Pero hay dos grandes áreas que no muestran los algoritmos (o al menos, no quieren mostrar): la vida mundana y los problemas, algunos de los cuales solo han empeorado con el encierro. La violencia familiar, problemas de depresión y ansiedad son solo algunos ejemplos, pero hay muchos más que desconozco en mi ignorancia. No quiero hablar específicamente de ellos porque no soy un profesional en el tema, pero sí quiero hacer este paréntesis y poner el dedo en la llaga porque el ánimo de compartir esta herramienta salió de mi propia batalla y de pensar que le podría servir a alguien más.

La realidad es que las medidas sanitarias nos han afectado a todos y todas de formas muy diferentes. Es muy posible que el vecino de al lado no tenga la misma rutina que yo. Pero creo que esta sencilla herramienta nos puede ayudar a todos y todas, aún si uno no tiene problemas serios como los que ya mencioné.

La Listilla

Es momento de hablar de la herramienta. No quiero darle ningún nombre particular porque no es más que eso: una herramienta. No es un método, no es una experiencia y mucho menos es un producto. Siento que darle un nombre formal es darle una importancia que no tiene. En este caso, no importa mucho la herramienta en sí, sino lo que uno puede hacer con ella.

Para facilitar las cosas voy a referirme a la herramienta como «La Listilla», pero pueden llamarla como quieran. De nuevo, La Listilla no es tan importante como lo que pueden hacer con ella.

¿Qué es La Listilla, entonces?

La Listilla funciona así:

  1. Tomas algún papel limpio y tu instrumento favorito para escribir.
  2. Escribe la fecha de hoy. No de hoy, que estoy grabando esto, sino del «hoy» el día que escribas La Listilla.
  3. Escribe en frases cortas qué has hecho hoy. Se vale ser ambiguo y genérico (ya hablaré después de ello). Idealmente, cada cosa que escribas debe caber en un solo renglón.

Por ejemplo, pueden escribir «trabajo», o pueden escribir «junta por Zoom», «clases de historia», «alimentar al gato» o lo que sea. Lo importante es poner las cosas en las que gastaron su tiempo, no importa qué tan importantes o banales sean.

Incluso es posible—y hasta deseable—escribir «No hice nada». Esto no es para nadie más que para uno mismo, así que es válido poner «No hice nada».
4. Repite los pasos 1–3 al día siguiente.
5. Repite el paso 4. Es decir, repite los pasos 1–3.

Eso es todo. Anota en una hoja de papel (o de preferencia algún cuaderno o agenda) las cosas que hayas hecho en el día, durante muchos días consecutivos.

Quiero hacer énfasis en esto: lo importante es hacer La Listilla muchos días seguidos. Cuando digo «muchos» no me refiero a cinco o diez, sino tal vez a treinta, o cien, o más.

Por qué escribir La Listilla

Esto a muchas personas les puede parecer tonto y hasta trivial. «¿Para qué me sirve escribir esto?» podrán preguntarse. «¿Cómo puede ayudarme una simple lista?». Es una buena pregunta y quiero compartirles mi respuesta.

¿Recuerdan hace unos párrafos, cuando les hablé de las rutinas? Es fácil caer en la idea de que los días se parecen mucho y que las cosas no cambian mucho. En este estado de aparente estabilidad existe un riesgo muy fuerte: el riesgo de introducir cambios radicales de forma muy paulatina.

Si no me creen, recuerden el meme que dice «pruébense sus jeans cada dos o tres días, la pijama es traicionera.»

Si nuestro cerebro piensa que hoy es casi igual que ayer, deja de fijarse en los detalles. Algunos de esos detalles son precisamente la cantidad de comida y ejercicio que le damos al cuerpo. Otros detalles son mucho más sutiles.

Espero que la importancia de La Listilla comience a ser un poco más clara. Nuestros cerebros y nuestra memoria a veces son imperfectos y requieren ayuda. La Listilla es una especie de «memoria externa» que puede servir de muchas formas.

Cómo usar La Listilla (1)

Imaginen un martillo. Es un objeto muy común, deben haber millones y millones alrededor del mundo y no son nada complicados. Es cierto que puede haber muchos matices en su fabricación, pero un martillo es una herramienta simple, tan fácil de usar que hasta un bebé puede tomar uno y usarlo intuitivamente en segundos.1

Si sólo juzgamos un martillo por su complejidad, podríamos caer en la trampa de pensar que no es nada especial y que no sirve para nada. Es cierto que un martillo en sí solo puede ser un objeto común, pero es falso creer que no sirve para nada: después de todo, hay edificios enteros que no podrían existir sin martillos.

La Listilla es muy parecida. Por sí sola es algo muy simple, ni siquiera alcanza a ser llamada «diario». Pero se pueden hacer muchas cosas con ella. Quisiera darles un ejemplo de cómo la uso yo.

Imaginen mi Listilla después de un par de semanas de uso. En ella, intento identificar 3 grandes grupos:

  1. Las cosas que son inevitables o necesarias para el funcionamiento día a día. Yo las llamo «mantenimiento». Por ejemplo, identifico «junta de trabajo», o «clases virtuales» o hasta «comí sopa de verduras». Estas son cosas que debo hacer para mantenerme con vida.
  2. Las cosas que ocurren, pero que yo no controlo directamente. Por ejemplo, «extrañar a mis amigos», o «berrinche de mi hijo», o «me dolió el estómago».
  3. Las cosas que son más o menos opcionales o las cosas que yo decido hacer. Por ejemplo: «ver una película», o «le escribí a mamá», o «noche de juegos».

Esto son solo ejemplos, pero cada quien debe identificar los grupos que mejor le acomoden, según las circunstancias de cada quien.

Lo que no se debe hacer es pensar que estos grupos son una obligación. Es posible—y me ha pasado muchas veces—que no tengo nada que escribir. La Listilla es algo sumamente personal y no se trata de impresionar a nadie ni mucho menos de cumplir cuotas. No se trata de forzarnos a nada. La Listilla sólo debe obedecer a lo que uno hizo cada día y no al revés.

Cómo usar La Listilla (2)

Lo que mencioné arriba sólo es un ejemplo muy pequeño de cómo usar La Listilla. Su verdadero poder es mucho mayor.

La Listilla puede ser usada de varias formas:

  • La Listilla ayuda a identificar patrones Después de algunos días, tal vez se dan cuenta que ya van varios días sin hacer ejercicio, o sin hablar con un amigo. Tal vez pueden ver que llevan varios días comiendo fruta o durmiendo una siesta. Estas cosas pequeñas tienden a ser olvidadas por el cerebro y nos dan la ilusión de que todo sigue igual.
  • La Listilla ayuda a hablar Pueden, por ejemplo, hacer una división muy sencilla y calificar cada línea en La Listilla como «buena» o «mala». Una vez que tienen esto en mano, pueden hablar—con su familia, con sus amistades, con su terapeuta—de sus hallazgos. Con La Listilla frente a ustedes, es mucho más fácil entablar una conversación con alguien más, o con uno mismo
  • La Listilla ayuda a analizar Quiero ofrecer un ejemplo de hace algunos años. Un viernes llegué a casa completamente desecho, sólo quería cerrar la puerta para echarme a llorar, aunque no sabía por qué. Me quité los zapatos y me eché sobre la cama a oscuras. Lloré mucho y me quedé dormido sin cenar. A la mañana siguiente recibí un correo del trabajo y—tontamente—decidí abrirlo. Mientras lo leía, entendí por qué me sentía tan mal: en una sola semana me llegaron noticias de recorte de personal, un regaño por parte de mi jefe, una pelea entre compañeros de trabajo y haber cancelado una cita con mi novia de ese entonces.

Todos esos eventos me afectaron, pero la velocidad de la rutina me hizo olvidarme de ellos. Mi cuerpo recordó y aguantó hasta que ya no pudo más. Un registro como La Listilla ayuda a rastrear la raíz de algunos problemas como esa tristeza que parecía inexplicable.
La Listilla ayuda a planear Si La Listilla te muestra patrones, también podría ayudarte a buscar soluciones y planearlas. A mí me ha ayudado para identificar patrones depresivos, a un amigo le sirvió para planear con mucha calma sus vacaciones en casa de sus padres. Si La Listilla te muestra que vas por buen camino, se vuelve incluso una fuente de alivio.
La Listilla ayuda a conocerse a uno mismo Para no extenderme mucho, repetiré las palabras de la escritora Annie Dillard:

Así como pasamos nuestros días es, desde luego, como pasamos nuestras vidas.

La Listilla no es, ni debe ser nunca, una «competencia» con los demás. La Listilla puede ayudarnos en la eterna pregunta de «¿Quién soy y para qué estoy aquí?» al mostrarnos quiénes somos día a día.

¿Eso es todo?

La Listilla es así de simple y funciona para todo tipo de personas, actividades, grupos y proyectos. Me gusta mucho porque no requiere de equipo especial y caro, no necesita inversión económica, no requiere experiencia previa y es altamente adaptable.

Sólo hay que recordar dos cosas:

  1. Llevar un registro «casi inmediato» de lo que está haciendo cada quien, y
  2. Revisar La Listilla cada cierto tiempo.

Aquí es donde varios de ustedes dicen para sus adentros, «bueno Andy, esto es demasiado bueno para ser cierto, ¿Cuál es la pega? ¿Cuál es la desventaja?». La verdad es que no hay ninguna, o al menos no hay desventajas fuertes.

Con un poco de inteligencia o imaginación se podrán dar cuenta que La Listilla no es nada más que una abstracción de una idea mucho más profunda y poderosa. Esta idea, por sí sola, tiene valor de unos mil #AndyPuntos. Esta idea, aplicada, tiene valor de millones de #AndyPuntos.

¿Cuál es esa idea? Simple: Para efectuar cambio, es necesario un sistema de retroalimentación.

Voy a repetirlo, porque es importante: Si quieren hacer algún tipo de cambio profundo, es una buena idea tener un sistema de retroalimentación. Es decir, un sistema con dos grandes características:

  1. Que tenga un registro fiel del pasado, y
  2. Que se revise de forma periódica.

No hay nada más. Los más astutos de ustedes pueden ver que esa idea existe de muchas formas: en agendas, en calendarios, en diarios de agradecimiento, incluso en oraciones, servicios religiosos, seminarios de liderazgo, ciertos tipos de terapia, tratamiento de enfermedades y muchas cosas más.

«Andy, si es tan fácil, ¿por qué no se usa? ¿Por qué no se enseña en escuelas? ¿Por qué no es más popular, por qué no he escuchado a nadie hablar de ello?»

Precisamente porque es así de fácil.

Vivimos en un mundo complejo y llevamos vidas internas y externas llenas de detalles, sean importantes o triviales. Dentro de muchos de nosotros llevamos la creencia de que las soluciones deben ser igual de complejas y difíciles. ¿Por qué? Porque una solución elegante y sencilla a veces se siente como un insulto: Si fuera tan fácil—nos dice una voz interna—podríamos haberlo resuelto antes.

Pero las soluciones sencillas y elegantes son difíciles de encontrar. Sólo pregúntenle a algún matemático o ingeniero y les dirán lo mismo: Es fácil encontrar una solución complicada, es complicado encontrar una solución sencilla.

Existen varios ejemplos de soluciones sencillas a problemas complejos, pero serán tema de otro episodio. Por ahora, quedémonos solo con La Listilla.

Entonces, ¿por qué La Listilla?

Entonces, ¿por qué La Listilla?

La Listilla es la implementación más sencilla que conozco de una idea simple y elegante. La Listilla sirve sin baterías, sin electricidad y sin acceso a internet. La Listilla necesita materiales baratos, fáciles de encontrar y fáciles de reemplazar.

Eso no quiere decir que no pueda hacerse más compleja. Una solución como La Listilla puede expandirse casi infinitamente para cubrir cualquier necesidad de su usuario. Pero ése no es el propósito de La Listilla.

La Listilla es solamente una herramienta para enseñar la importancia de un sistema de retroalimentación. Recordemos, son solamente dos principios:

  1. Un registro de lo que pasó, y
  2. Una revisión periódica de ese registro.

Eso es todo. Llevar un registro de «algo» y revisar ese registro cada cierto tiempo. Esa es la idea del millón de #AndyPuntos. Registro y revisión. Registro y revisión.

Futuro de La Listilla

A medida que usan La Listilla, se darán cuenta que hay muchos puntos que no he discutido. Hay muchas mejoras, muchas deficiencias, muchas adaptaciones.

En cuanto lleguen a este punto, es cuando La Listilla deja de ser útil, ha cumplido su propósito. Si todo va bien, para este momento tendrán una mejor idea de cómo llevar un registro de lo que sea que necesiten y de cómo revisarlo. Si todo va bien, para este momento habrán adaptado La Listilla a algo más complejo o la habrán abandonado para migrar a algo más.

Si ese es el propósito de La Listilla, ¿por qué no saltárselo e ir directamente a algo más potente? Hay dos razones:

La primera es que yo no sé cuáles son las situaciones de cada quien. Seguramente podría recomendarles mis herramientas y sistemas para llevar registro y revisión, pero seguramente serían sumamente extrañas, difíciles de implementar o redundantes. Mi sistema es mío y no tiene caso recomendarlo a menos que tengan situaciones muy parecidas a las mías.

La segunda es que La Listilla ayuda también a cultivar la costumbre de llevar el sistema. Es cierto que correr maratones trae beneficios a la salud, pero es irreal lanzarse a correr uno sin la preparación adecuada. Lo mismo pasa con sistemas de organización, planeación y retroalimentación. La Listilla es una forma barata y accesible de lanzarse a probar sin comprometerse ni gastar demasiados recursos ni tiempo.

Así que tomen notas. Anoten cada día, durante muchos días. En estos tiempos raros parece que todos los días son iguales; resistan esa noción. Espero que estas simples hojas de papel les ayuden a marcar el tiempo, a verse y conocerse a sí mismos.

Puntaje

Llegamos al final, al momento en el que asigno puntos completamente inútiles de forma completamente subjetiva y caprichosa. Es decir, la parte más divertida.

La Listilla

La Listilla, así como se las he descrito, la desarrollé commo parte de una estrategia de salud mental en un momento de mi vida en el que estaba altamente estresado por trabajo y no salía de mi casa más que para conseguir comida. Fueron algunos meses muy malos. En ese momento no tenía un terapeuta fijo por varias razones y había caído en algunos patrones nada agradables. La Listilla no es, ni será, ni pretende reemplazar ayuda psicológica profesional. Es una herramienta que me ayudó a ver patrones en mi vida y me ayudó a externarlos con las personas adecuadas, pero su propia sencillez le impide realizar funciones avanzadas. La Listilla, por ser un concepto sencillo y fácil de adaptar, gana 100 #Andypuntos.

Inspiraciones

CGP Grey es un youtuber principalmente educativo y personalmente admiro muchos de sus trabajos. Seguramente me escucharán hablar mucho de él y de sus ideas en el futuro. La Listilla fue parcialmente inspirada por CGP Grey, quien gana 50 #Andypuntos.

Puntos personales

Si desean iniciar una Listilla, recuerden que sólo comienza a desbloquear su potencial después de algunos días seguidos de uso. Yo me califico con 10 #AndyPuntos cuando mi Listilla llega a cincuenta días consecutivos, es decir, siete semanas y un día. Pero no hace falta tanto: muchos de sus beneficios se pueden ver después de un par de semanas. Si no tienen ningún sistema de organización, o diario, o nada, yo diría que se pueden premiar con 10 #AndyPuntos si su Listilla alcanza, digamos, 20 días. O quizá 14, no lo sé. Los puntos son completamente arbitrarios.

Estoy preparando una función complicada para poder autoevaluarse según cuántos días de Listilla lleva uno. La compartiré en el futuro simplemente porque soy el tipo de chico que hace eso los viernes por la noche. Manténganse en sintonía.

Epílogo: Esto no es BuJo. Pero puede serlo

Después de publicar esta idea en Instagram, mi amiga Mayra me preguntó si esto es Bullet Journal. La respuesta corta es «no».

Bullet Journal, o BuJo para los cuates, es un sistema de organización personal. Voy a hablar de él en el futuro, pero sólo quiero anotar que BuJo ya incorpora muchas de estas ideas para la organización personal.

Si tienen un Bullet Journal, en teoría tienen una página de tareas pendientes que revisan cada mes, ya sea para eliminar las listas o para trasladarlas a una nueva página cada mes.

Ese, como seguramente se lo imaginarán, es el principio básico de la Listilla. Entonces, ¿por qué no hablé de BuJo en lugar de inventarme una palabrilla? La verdad es porque BuJo invoca inmediatamente la idea de organización a nivel personal y profesional. BuJo es una herramienta interesante para planear y mantener tareas y hábitos en un ambiente más o menos «de trabajo».

La Listilla fue pensada para cumplir una tarea a nivel psicológico, para ayudarme a lidiar con episodios depresivos a la vez que debía mantener el resto de mi vida.

¡Eso no quiere decir que sean dos herramientas mutualmente exclusivas! Si ya usan BuJo será muy fácil incorporar las ideas de La Listilla si no es que las usan ya. Yo no uso BuJo por razones que discutiré después, pero considero que es una herramienta mucho más compleja y con alcances mayores.

La Listilla es apenas un inicio y debe ser lo más sencilla posible. Personalmente, creo que después de cierto tiempo, uno se alejará naturalmente de La Listilla para usar un sistema más robusto (como BuJo). Es un proceso natural, de crecimiento. Y ése es el punto principal de La Listilla: ser una semilla para crecer como persona, para ayudarnos a lidiar con problemas psicológicos, sentimentales, personales o profesionales. Si les ayuda a incorporar un sistema de retroalimentación, o si les ayuda a encontrar otro tipo de ayuda, ha cumplido su propósito.

Espero que les ayude tanto como me ha ayudado a mí.


  1. Por cierto: no dejen los martillos al alcance de bebés. Esta fue solo una metáfora. Es fácil dañarse con un objeto pesado si uno no tiene cuidado y los bebés no siempre tienen cuidado. 

Autor: Andy

The internet's miniboss. I sing, write and edit Wikipedia

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