Toma tiempo vivir

Hoy en la madrugada, no dejaba de pensar en una frase que me llegó a medio cabecear: Toma tiempo vivir.

Tuve un fin de semana difícil. No es que me pasara nada (directamente) pero sí a algunas personas a mi alrededor, situaciones a las que no podía darle la espalda. Hoy en la madrugada, ya que se calmaron un poco las aguas, no dejaba de pensar en una frase que me llegó a medio cabecear: Toma tiempo vivir

Al momento de escribir esto llevo unas 70 horas sin salir de casa. Simplemente no pude. No es que esté secuestrado ni mucho menos (afortunadamente) pero todos mis planes resultaron ser incompatibles con la realidad y me era imposible saberlo hace 70 horas.

¿Por qué digo que incompatibles con la realidad? Verán, el plan original era (sin ningún orden en particular):

Todas estas son cosas que siempre quiero hacer pero para las que «nunca tengo tiempo». Siempre, siempre hay algo así en todas nuestras vidas. Son esos grandes proyectos de un día («un día viajaré por el mundo / escribiré un libro / seguiré mis sueños») pero en magnitud pequeña y francamente mucho más realizable. Son el tipo de cosas que siempre se dejan para la tarde del viernes y el próximo fin de semana.

¿Por qué ese espacio de casi 60 horas?

En fin, tenía planes y era el momento de ejecutarlos. Pero la realidad, les digo, la realidad no te pregunta qué quieres, sólo ocurre y punto.1 Llegaron problemas a las personas a mi alrededor, porque los problemas tampoco respetan la semana inglesa ni la Ley Federal del Trabajo. Uno fue académico, el otro de pareja, otro interpersonal y el otro mejor ni les cuento. Ninguno de ellos, afortunadamente, llegó al nivel de crisis; ninguno requería intervención inmediata, ambulancias ni dinero.

Los problemas tampoco respetan la semana inglesa ni la Ley Federal del Trabajo

Pero sí requerían mi atención enfocada y sostenida. No eran problemas difíciles en magnitud, pero sí en complejidad: había que pararse a pensar siquiera en qué decir o escribir para realmente ayudar. Igual que un libro sobre complejidad, igual que pararse frente a una pintura o escultura, igual que darle vueltas a un teorema, había que quedarse quieto y observar, aprehender lo que está frente a uno, tomarlo, digerirlo y devolverlo afuera, ojalá mejor que lo que entró a uno para inclinar la balanza un poquito hacia ese lado.

Debido a la distancia física entre cada uno de ellos y yo, la conversación tuvo que ocurrir gracias a estas nuevas tecnologías de la telefonía celular y el internet. ¡Y menos mal, porque de otra forma no hubiera podido prestar un oído metafórico a todos ellos! El inconveniente en estos casos es que hay un retardo considerable que va desde los 500 hasta los 2 millones de milisegundos. Si a esto se le suma la complejidad en el mensaje y en su apropiada digestión como la describí antes, la conversación se alarga por horas y horas.

No es para menos. Un problema complicado casi nunca se resuelve en poco tiempo (o de otra forma no sería tan complicado).

Estar ahí para prestar oído ciertamente no me «quitó tiempo»: mi día también duró 24 horas igual que el de todos los demás. Tampoco me lo quitó en el sentido metafórico, porque yo decidí usar ese tiempo en esa actividad. Pero sí tuve que tomar una decisión entre prestar mucha atención y tiempo a estos problemas y no a libro y museos. Mis días transcurrieron prestando mucha atención a lo que las personas me decían a través del celular2 y poco a… lo demás. Ni siquiera sé con certeza de qué hablo.

En fin, llegará otro sábado, espero. Y el museo estará abierto también, espero.

Mis días fueron entonces de releer algunas cosas ligeras, de quedarme en casa a cocinar algo para comer, de esperar el siguiente mensaje, analizarlo y responderlo con lo que mi entendimiento juzgara mejor. Esa fue la realidad que llegó y la realidad que elegí este fin de semana.

En fin, llegará otro sábado, espero. Y el museo estará abierto también, espero. El estudio no podía esperar y tuve que comenzar hoy poco después de la media noche. «Llegará otro sábado», me decía, con la esperanza de que así funcionen el calendario y la vida que me queda.

Pero, y esto es el punto que quiero hacer después de ochocientas palabras, creo que podré recordar este fin de semana sin mucha dificultad. No es que haya sido un fin de semana particularmente feliz, aunque definitivamente no fue miserable. Lo que sí es que estuve muy atento a lo que me pasaba, estuve atento a esperar el mensaje y a no salir. Creo que en estos casos recibir un mensaje a mitad de la lectura o de la contemplación termina siendo peor para ambas partes: uno no enfoca su atención por completo y el otro no es escuchado como quizá necesita. La solución es detenerse y observar, como con un teorema, como con el arte.

Vivimos en el tiempo, pero también toma tiempo vivir.

Creo que podré recordar este fin de semana porque estuve atento a él y a lo que hacía y a lo que esperaba del día. Creo que eso es vivir realmente, tomando tiempo para poner atención a la vida misma. Toma tiempo enfocarse adecuadamente en lo que uno está haciendo y si uno no lo hace es posible terminar sintiendo que no se ha vivido. Después se llega a esos sueños de «escribir un libro, plantar un árbol», de «algún día viajar, algún día aprender», de «tengo ganas de renunciar a todo y vivir en los bosques».

Vivimos en el tiempo, pero también toma tiempo vivir. Malaventurados seremos si no lo recordamos. Malaventurados los que no se tomen tiempo para vivir, porque sólo conocerán la sabiduría que viene en galletas de la fortuna. Malaventurados los que no decidan sobre su tiempo, porque de ellos sólo conoceréis citas mal atribuidas, sobreexplotadas y sin reflexión detrás. Que así no sea.


«Guardare non è osservare»by SkyLuke8 is licensed under CC BY-NC-ND 2.0


  1. Admito que esta frase podría, según sus particulares creencias, cambiarse a «Dios no te pregunta», o «El universo no te pregunta» o algo similar. No deseo expresar preferencia ni desdén por ninguna creencia particular y por eso prefiero un término que creo un poco más neutral. 
  2. Esto es a lo que la antigua generación se refiere cuando dice que «sólo ponemos atención a los celulares» y que «se ha perdido la conversación» y otras tonterías similares. Lo que tenemos son nuevos canales de comunicación y nuevas decisiones a su alrededor, pero la decisión de usarlos para conectar con otros humanos y/o para distanciarnos de ellos no ha cambiado en absoluto. Quiero hacer énfasis también en que eso que llamo la antigua generación nada tiene que ver con la edad o fecha de nacimiento de uno y mucho con la actitud que se adopta frente a esta supuesta y falsa «esclavitud de la tecnología». Escribí mucho más al respecto aquí mismo

Autor: Andy

The internet's miniboss. I sing, write and edit Wikipedia

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: