Sobre íconos que no conozco

Hace unos días murió un hombre llamado Karl Lagerfeld. Antes de su muerte, jamás había oído su nombre ni sabía de su existencia, igual que él no sabía de la mía. Pero su muerte me está enseñando algunas cosas (no tan bonitas)

No es un secreto que, en muchísimos aspectos de la cultura popular,1 yo llevo un atraso de años. Sean series de televisión o álbumes musicales o exposiciones de artistas contemporáneos o la lista de best-sellers del New York Times, siempre hay aspectos de la cultura que pasan alrededor de mí sin tocarme. A veces esto es porque yo decido no involucrarme con ellas o porque no me llaman la atención, pero la inmensa mayoría de veces es simplemente porque… porque se van, porque la cultura popular es pasajera por naturaleza y diseño, y porque soy muy malo para seguir tantos productos en sucesión y de forma continua.

Entre esos ejemplos se encuentra el hombre del que hablé al principio. Karl Lagerfeld es un nombre que no conocía, de la misma forma que muchos de mis amigos pasan su vida sin saber quién fue Rosalind Franklin. No es bueno ni malo, simplemenete es conocimiento que uno no tiene. Nadie nace sabiendo y nadie muere sabiendo todo.

Pero lo que me importa y me ha dado qué pensar es la reacción ante la muerte de Lagerfeld. O, mejor dicho, las reacciones, porque son varias y no siempre fáciles de disectar.


Reacción primera: el suceso

Primero que nada, vino la noticia. El anuncio de que muere alguien con cierta medida de fama, los obituarios y artículos que todo buen editor pedirá (o hasta redactará) para ocupar todo ese espacio en blanco en las revistas y para que no vayan a decir que nos olvidamos de este ícono de… ¿la moda?2 Se cumplen las expectativas sociales para con el difunto y sus allegados, se mencionan los puntos más sobresalientes de su vida y se pasa a la nota de un hombre que se cubre de mantequilla de cacahuate por perder una apuesta, pero antes un mensaje de nuestros patrocinadores.

Reacción segunda: el reconocimiento

Más allá del obituario, está la «reacción» de quien conoció al ícono (o al menos a su obra) y quien sí puede hablar a fondo de cómo la obra icónica le impactó en la vida, la creencia, el obrar y/o el pensar. Esto es natural y creo que nos ha pasado a todos, el ejemplo más claro cuando muere un músico. Hay miles de formas de procesar la muerte de una persona famosa a quien uno no conoció personalmente y no me pondré a enumerar todas.

Lo que sí me llama la antención es que con este hombre, más que con otros íconos-ahora-difuntos, he notado más posts/reacciones/tributos que hablan sobre cómo el autor ha mejorado a través del ícono. Es decir, el tema sustancial de estos posts parece no ser el ícono o su obra como tal, sino el autor o autora del post que habla de su propia obra, de su propio conocimiento y de su propio hacer, en el que de alguna forma se ha incorporado la obra del ícono.

Esto no es único para este difunto, pero entre mis círculos parece ser mucho más prevalente, por ejemplo, que cuando murió Stephen Hawking. Me parece una cosa divertida: ¿por qué hablar de uno mismo cuando ha sido el otro el que ha muerto? ¿Por qué usar, conscientemente o no, un fallecimiento para hablar de uno mismo?3

No tengo una respuesta. Simplemente hago la observación. Pero sí anoto que este pico de ocurrencias coincide también con la tercera gran reacción.

Reacción tercera: el latigazo

Desde luego, no puede faltar la crítica, sea quien sea la persona.

Recuerdo que cuando murió Pavarotti, escuché a alguien en la radio comentando (con un poco/mucho de saña) que el tenor había muerto y tenía aún deudas sin pagar y varios asuntos sin terminar. El comentario se me hizo un intento de sacar una nota periodística donde no había ninguna porque, a fin de cuentas, es sumamente fácil morirse sin atar todos los cabos terrestres. Nadie (salvo los casos más horribles) planea el día y hora de su muerte: si ahorita me cayera un rayo fulminante, no creo que nadie en su sano juicio pondría en mi obituario «deja en esta tierra una deuda de veinte pesos a la señora que prepara quesadillas, así como una cuenta familiar en Spotify sin nadie que la cubra».4

Pero en el caso de este hombre, me llamó mucho la antención que la otra gran reacción a su muerte se presentó en una serie de artículos, columnas, tuits y anexos en los que se condenaba a este hombre como misógino, gordófobo, racista y muchos otros pecados. No les enlazaré a esos artículos principalmente porque no los he leído.

Counterpoint: Lagerfeld was a fatphobic, racist bigot, whose strength in the industry allowed outmoded and wrong ideas to go unchecked for decades. The River Ivel at Metafilter

Más allá de la veracidad de esta fuerte crítica que me llegó post-mortem, lo que me asombró es que mi primer contacto con Lagerfeld fue sobre los muchos pecados que hizo en vida. A pesar de todo lo que este hombre pudo o no hacer en su campo, hay al menos una persona para quien su único legado es completamente negativo y tal vez imposible de remover. Murió un hombre y todo lo que me dejó fue un puñado de opiniones que lamentan que nunca se arrepintió, en el mejor de los casos, y que celebran que murió, en el peor de los mismos.

Reacción cuarta: mi red personal

Por último, mi propia reacción. Creo que la noticia de la muerte de este hombre no me habla tanto de quién fue en vida como de las personas que conforman mis «redes sociales» y las ideas que comparten. Me llama mucho la atención, justamente, el compartir esas notas con titulares en los que se llama a, esencialmente, no celebrar a este hombre ahora que ha muerto.

Me llama la atención porque es una reacción curiosa. Es cierto que las injusticias del mundo no deben pasar desapercibidas, sino denunciadas; pero ¿por qué después de la muerte? Me da gusto decir que en mis círculos de «redes sociales» hay considerablemente más personas socialmente concientes y activistas que las que tenía hace cinco o diez años. Me da gusto ver a amigas y amigos que luchan por diversas causas que, creo, tienen un fin mucho mayor que el meramente individual.

Pero, ¿por qué después de la muerte? ¿Qué se puede ganar en la denuncia después de que ha muerto este hombre? No me es claro del todo y aclaro que podría estar perdiendo de vista puntos más importantes, pero este es mi blog y he decidido registrar en él mis pensamientos lo más «crudos» posibles, so pena de sufrir vergüenza en el futuro.

Personal, emocional e intelectualmente me tiene sin cuidado la existencia de Lagerfeld (o su muerte, dado el caso). No lo conocía antes y no creo que su muerte sea particularmente relevante en mi vida como para ponerme a investigar y aprender de lo que hizo o dejó de hacer.5 Lo tercero que aprendí de él, después de su nombre y fecha de defunción, es que al menos existe controversia en cómo lo ve el mundo después de su muerte. ¿Por qué habría de usar mi tiempo en leer todos esos artículos?6

Para reflexión personal

Creo que hay mucho más que aprender de quienes me rodean y de sus reacciones. Particularmente:

  1. En mis redes sociales hubo gente que lo alabó y habla de recordarlo como algo/alguien más bien positivo. Lo que me asombra es que, si eso es cierto, ¿por qué nunca fue mencionado ni siquiera en conversaciones casuales? Vaya, aunque no sé ni gota de arte contemporáneo, varias de mis amigas sí me han hablado (por ejemplo) de Jeff Koons y al menos tengo un vago conocimiento sobre su influencia en esa esfera. ¿Por qué «mis redes sociales» no compartieron nada sobre él en vida?
  2. ¿Por qué, en la misma línea, mis amigos y conocidos no hablaron/compartieron sobre sus pecados en vida? ¿Fue acaso que no era tan importante como para merecer ese tipo de atención? ¿Fue que habían temas más importantes que platicar? ¿Fue que no era algo que trajera valor al compartirlo a los demás? Estas preguntas pueden tener miles de respuestas y muchas de ellas pueden ser verdaderas al mismo tiempo, creo yo.
  3. ¿Cómo podría decidir de quién aprender y de quién no? He oído por ahí que «nadie es completamente inútil si al menos sirven de mal ejemplo» pero ¿cómo escoger al menos esos malos ejemplos? Dado que hay aproximadamente 108 muertes en el mundo cada minuto, es imposible aprender de todos ellos. De esto, postulo que no porque alguien sea famoso e «influencial» merece mi tiempo y mi atención, mucho menos en muerte que en vida.

«Four Icons from a Pair of Doors (Panels), possibly part of a Polyptych: John the Theologian and Prochoros, the Baptism (Epiphany), Harrowing of Hell (Anastasis), and Saint Nicholas» is licensed under CC CC0 1.0


  1. No pretenderé dar una definición absoluta de «cultura popular», pero quiero aclarar que lo uso como un término neutral y no pretendo matizarlo con ningún tipo de inferioridad o superioridad. Cuando hablo de «cultura popular» me refiero principalmente al tamaño relativo de su audiencia y no hago (por el momento) ningún comentario sobre sus valores estéticos, morales o de cualquier otro tipo. 
  2. Francamente el término «diseñador» es bastante amplio como para abarcar muchas profesiones y especializaciones y no voy a perder tiempo buscando a cuál de ellas pertenece este hombre. 
  3. Sí, me pega duramente en la cabeza que yo mismo estoy escribiendo este post, acerca de mis reacciones y pensamientos a raíz de la muerte de un hombre famoso. No lo había considerado durante las dos tazas de café que tomé en lo que bocetaba mentalmente este post, pero en el nombre de la honestidad intelectual, dejaré mi argumento aquí en lugar de fingir que nunca lo (sos)tuve. 
  4. En todo caso fue Chava Flores quien expresó el argumento de este párrafo con mucha más gracia y humor: «Yo creo que adrede este Cleto se enfrió / pues lo que debe jamás lo pagó. / Tipo malaje / no fue tan guaje. / Con lo caro que está todo, regalado le salió». 
  5. La palabra clave aquí es relevante. No es que no pueda aprender de él a raíz de su muerte, sino que, en mi enorme ignorancia, no creo que esa muerte sea particularmente mejor o más importante que la de muchas otras personas que han muerto recientemente y de quienes también puedo aprender una o dos cosas 
  6. Sí, los artículos de los que hablaba hace unos párrafos. Me refiero únicamente a sus titulares porque es todo lo que he leído de ellos. No los leo porque no juzgo que me aporten nada. Esta es otra de las muchas formas en las que construyo conscientemente mi lag cultural 

Autor: Andy

The internet's miniboss. I sing, write and edit Wikipedia

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