Unicornios y selectividad cultural

Estos días ha explotado la presencia de cierta bebida de Starbucks. Frappuccino unicornio, o algo así, con colores pastel y la emblemática sirena verde.

En algún momento de la encarnación anterior de este blog, pregunté a mis conocidos si les interesaría un documental sobre cómo escribo y a varixs pareció gustarles la idea. Ese proyecto lleva años sin avanzar, así que prefiero ir escribiendo aquí sobre las ideas, procesos y decisiones en mi forma de escribir. No son ni pretenden ser una guía seria. Sigan mis consejos bajo su propio riesgo.–A.

El frappuccino se irá y no dejará marca en mi vida después de esta entrada.

No sé por qué esta bebida saltó tanto en redes sociales, pero lo hizo. A pesar de que estos días he estado en relativa seclusión de Twitter y Facebook, supe de su existencia. Sé que por ahí están las reseñas, las críticas y las opiniones. Alguien hizo un perfil nutricional, de estrategia de negocios, análisis de marketing, crítica a los millenials y a su estilo de vida, crítica a los Gen-Xers y a su estilo de vida, análisis post-estructural, una cuenta chistosa en Twitter y un tsunami de memes. No los he leído, pero es de esos fenómenos culturales que alcanzan una densidad tal que pervade todo tipo de escudo y muchas apatías.

Pero no me importa. No quiero que me importe y no es importante para lo que hago ni para lo que quiero hacer. Se irá y no dejará marca en mi vida después de esta entrada. Lo único para lo que sirve es como ejemplo de cómo trabajo.


Llego blogueando desde el 2005. Todavía estaban vivos Juan Pablo II y Saddam Hussein, el huracán Katrina causó muchísima destrucción y dolor en la costa del Golfo en los Estados Unidos, Million Dollar Baby ganó el Óscar a Mejor Película y se conmemoraron 10 años de la muerte de Selena.

Muchas personas se asombran cuando escuchan cuánto tiempo llevo con esto.1 Me encanta oír su apoyo y admiración, pero por dentro desearía escribir tanto como algunos de mis ídolos, como John Scalzi (desde marzo 2002), Wil Wheaton (julio 2001) o Cory Doctorow (febrero 1990).

Durante varios años participé y gané NaNoWriMo, es decir que logré escribir el primer borrador de un libro en menos de 30 días2. Logré memorizar la letra de mi primer aria de ópera en dos semanas3. He ayudado a comenzar más de 80 artículos en Wikipedia en español. Todos estos son logros que me enorgullecen y que han sorprendido a varias personas.4

Todos ellos han sido el producto de un esfuerzo consciente por hacer y un esfuerzo consciente por ignorar, igual que el café del unicornio. Por ahora sólo hablaré del segundo esfuerzo.5


Antes que nada, no quiero promover la ignorancia en general.6 Más bien, elegir conscientemente los medios que se consumen, en cantidad y calidad, y con el tiempo que se le dedican.

Hubo un tiempo en el que todos los canales de la televisión cabían en un dial sencillo que se activaba a mano. No había más. Se podía estar “al corriente” con todo lo que pasara en televisión, aún estaba por debajo de cierto nivel umbral de atención. Eventualmente, la oferta de televisión creció tanto que nadie podía estar al corriente de todo. Para ser “especialista” en telenovelas, había que dejar de ver otros programas.

Eso exactamente es lo que todos y todas hacemos. Consumimos sólo una parte de los medios [televisión/cine/imágenes/videos/etc.] que existen y el resto… queda ahí afuera.

Lo que yo quiero hacer (intentando emular a Scalzi, Wheaton, Doctorow y muchos otros) es aprovechar esta sobreoferta de medios para discriminar por “calidad”. Ahora que tenemos abundancia de alimentos, prefiero elegir conscientemente cuáles son los que más me nutren en lugar de comer todo en el orden en que van sirviendo los platos.

Noten que escribí “calidad” entre comillas. No me refiero a lo que sea más refinado o artístico o lo que sea. En este caso, cada uno de nosotros debe ponerse ese estándar y cumplirlo. Ahí está el meollo del asunto: decidir qué es lo que uno quiere consumir de entre todo lo que hay en la mesa.

Poniéndome como ejemplo de esto, yo quiero escribir. Ése es mi estándar de “calidad”. Decido no consumir aquello que no me ayude a escribir. Para lograr ser un buen barítono, hay que dejar de ver otros canales y perderse ciertos programas. He visto los titulares de todos esos artículos sobre un frappuccino con colores pastel y creo que no me sirven de nada, salvo para ilustrar este post. C’est la vie.

No quiero promover el esnobismo cultural ni mucho menos. Estas definiciones personales de “calidad” son altamente personales, flexibles y dependientes del lugar, tiempo y situación de cada quien. Lo que sí quiero promover es esa decisión, opuesta a sólo consumir dejando que el azar y los algoritmos de las redes sociales decidan por uno.7 Por ejemplo: quizá estoy muy cansado y en este momento sólo quiero relajarme y divertirme; ergo no voy a consumir noticias de política que usualmente me ponen preocupado, enojado o indignado; voy a consumir videos de gente que se cae de la patineta. Yo decido eso.

Es esa decisión, en buena parte, la que hace la diferencia entre lxs que hemos escrito un libro y lxs que dicen que quieren hacerlo.

Antes de acabar, es necesario mencionar que estas no son ideas ni conceptos nuevos. La información que manejamos como especie ha ido creciendo en prácticamente todas las actividades y ramas del conocimiento desde hace milenios. Hubo un tiempo en que una sola persona podía saber todo lo que había por saber en matemáticas, siembra de jitomates o radionovelas. Carl Sagan propuso medir el avance de una civilización usando la información disponible para la misma. La idea de seleccionar y discriminar la información que uno mismo almacena se popularizó como la mal llamada “teoría del ático” ejemplificada por Sherlock Holmes pero seguramente se le habrá ocurrido a alguien más antes de eso. Esto no es más que mi exposición de cómo veo estas mismas ideas en los tiempos actuales.

Dejemos de consumir sin pensar.


Imagen: Albertus Magnus (circa 1193 / 1206 – November 15, 1280) (book scan) [Public domain], via Wikimedia Commons


  1. Y cada vez que lo hacen, mi ego se infla un poquito. 
  2. Tuve que dejar NaNo en 2015 y 2016 por falta de tiempo, no de ganas. 
  3. Sólo memorizarla. Cantarla como se debe es cosa de mucho tiempo y estudio enfocado. Al contrario de lo que muchas personas creen, cantar es mucho más que sólo alcanzar la nota, pero ése es tema de otro día. 
  4. Esto, desde luego, depende mucho de quién escucha estos hechos. Por ejemplo, hay quienes llevan cientos o miles de artículos en Wikipedia y tienen todo mi respeto y admiración. 
  5. Pronto escribiré sobre el primero, pero pueden leer mi opinión general aquí 
  6. Ser un ignorante consciente es, creo yo, algo que raya en lo inmoral. 
  7. A menos, claro, que ese sea el estándar de “calidad”, pero eso ya va rayando en lo surreal o lo Zen. Dejémoslo para otra entrada. 
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Autor: Andy

The internet's miniboss. I sing, write and edit Wikipedia

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