Sobre la tecnología y nuestra supuesta esclavitud

Publicado originalmente en 2015-02-09 en el dominio anterior -A.


Hace unos días, una amiga preguntaba por Facebook si en realidad seremos “esclavos de la tecnología que dominamos”. Gramática aparte, entiendo su punto: su pregunta es una preocupación que lleva siendo repetida muchas veces últimamente.

Como referencia, ella recomendó ver este video. Véanlo

¿Ya regresaron?


Es cierto que en eso que llamamos “cultura occidental” es cada vez más común tener dispositivos conectados al internet. La tendencia global es que las velocidades de conexión aumentan y los precios disminuyen (no de forma proporcional y en muchos casos la relación precio/velocidad sigue siendo injusta, pero aún así la tendencia se mantiene). Hay computadoras de escritorio, laptops, tablets y smartphones, todas con acceso a la mayor cantidad de información disponible para el individuo en toda la historia. Nunca habíamos tenido algo así.

Pero creo que es justo poner todo en perspectiva antes de sacar cualquier tipo de conclusión.

Uso de internet

Según el noveno estudio “Hábitos de los Usuarios de Internet en México” presentado en 2013, hay 45 millones de usuarios de internet en México (en contexto, la población total del país es de aproximadamente 120 millones). Estos usuarios se conectan principalmente entre los Lunes y Viernes (entre 77% y 85% del total) con acceso reducido los fines de semana (62% el sábado y 47% el domingo)

El tiempo promedio de conexión es de 5 horas, usadas principalmente en envío-recepción de correo electrónico, búsqueda de información y acceso a redes sociales.

De estos usuarios, más del 90% usan redes sociales. El 10% restante no las usa por diversas razones, principalmente por la protección de datos personales, falta de interés o de tiempo.

(A)moralidad

Ya con un poco de datos en mano, es momento de analizar la cuestión principal: ¿Somos nosotros los que usamos la tecnología o es al revés?

Creo que la pregunta tiene algunos problemas. Una tecnología (cualquiera) es por definición amoral, es decir que no posee moralidad. Según Wikipedia:

La Moralidad (del latín moralitas: carácter, conducta apropiada) es la diferenciación de intenciones, decisiones y acciones entre aquellas que son “buenas” (o correctas) y aquellas que son “malas” (o incorrectas). La Moralidad puede ser un cuerpo de estándares o principios derivados de un código de conducta desde una filosofía, religión o cultura particular, o bien puede derivarse de un estándar que un individuo cree que debe ser universal.—Wikipedia; “Morality

Un objeto en sí no es capaz de formular esta diferencia entre acciones “buenas” y “malas”; está sujeto a las acciones e intenciones de quien la maneje, como lo dice la famosa frase tan usada en Estados Unidos: “Guns don’t kill people…”

Este punto es de suma importancia. Creo firmemente que si en verdad nos estamos alejando como sociedad, es irresponsable atribuirle culpa o responsabilidad a las tecnologías que usamos. Si acaso estamos alienados los unos de los otros ha sido únicamente por nuestra culpa, por nuestra decisión (consciente o inconsciente) de usar la tecnología de una u otra forma.

Alienación

“Pero Andy—dirían—la cuestión es la misma: ¿no nos estamos alejando los unos de los otros con estas tecnologías? Aún si aceptamos la responsabilidad, ¿no es una realidad que nos alejamos cada vez más?”

No lo creo.

El Internet fue creado como una herramienta para nerds y ñoños como yo. Era una forma fácil para que los académicos se reunieran a discutir cómo ganar en Piedra-Papel-Tijeras o cómo usar una escopeta para estimar el valor de Pi sin necesidad de estar viajando todo el tiempo a simposios en los que no entiendes la mitad de las conferencias (y posiblemente para ahorrarse unos pesos en los gastos de viajes de los becarios)

En algún momento a alguien se le ocurrió la idea de usar el internet para comunicarse casi en tiempo real con otras personas. IRC y Messenger son probablemente los mejores ejemplos. El concepto de hablar con conocidos y extraños evolucionó de alguna forma para convertirse en lo que hoy nombramos con el término genérico de redes sociales, un lugar para “socializar” con conocidos y/o para conocer gente nueva. Ésa era la idea.

Desde luego, tenía sentido ese invento. Antes de Facebook, ¿cómo te podías mantener en contacto con tus amigos de la preparatoria y universidad? Un número telefónico y dirección postal pueden cambiar súbitamente sin que nadie más lo sepa. En una red social, puedes mantener un perfil público que no depende de tu situación física, cambios de domicilio o carrera ni ninguna otra cosa. Indudablemente una forma muy eficiente de “mantener el contacto”.

La ilusión de “conectividad”

Hay algo que muchos críticos olvidan cuando hablan de la alienación de la sociedad: En realidad nunca hemos estado conectados del todo.

Hace 20 años cuando el internet comenzó a salir del nido académico en el que vivía, la población mundial era de 5.6 mil millones de personas (según Wolfram). Pregúntale a tus papás (y/o haz memoria): ¿cuántas personas conocían? ¿Con cuántas personas se mantenían en contacto frecuente? ¿Cada cuánto hablaban con sus amigos de antaño?

No creo ser una muestra representativa de toda la población del ’95, pero estoy seguro que el círculo social normal de aquel entonces difícilmente llegaba a los 3 dígitos (considerando a amigos y familia y no nada más a “conocidos”). ¿Por qué pasaba esto? No creo que sea por la falta de comunicación: ya habían llamadas telefónicas a todo el mundo, cartas y telegramas, ya no digamos los primeros teléfonos móviles y el útil invento (en su momento) del “Biper” o pager.

Por una parte, los seres humanos tenemos un límite al círculo social con el que interactuamos constantemente (el Número de Dunbar) y que no depende de ninguna tecnología. Los humanos simplemente no podemos interactuar con muchas personas a la vez.

El poder interactuar con gente que viva a más de unos cientos de kilómetros de distancia es algo muy nuevo. Durante casi toda la historia, la gente ha socializado simplemente con aquellos con los que comparte un espacio físico (cerca de la casa, compañeros de escuela o trabajo, gente que conoces por intereses comunes). Conocer a personas en varios países era una rareza limitada a los viajeros, los ricos y la realeza.

Entonces ¿por qué una tecnología que permite eliminar la distancia geográfica y hasta el lenguaje se considera “alienante”? Nunca hemos estado completamente conectados con todos. La inmensa mayoría de la población mundial siempre ha estado y siempre estará fuera de tu círculo social.

Dicho de otra forma, ahora el internauta 1 promedio puede tender lazos de comunicación con cientos y miles de personas, pero pocos de esos lazos serán significativos y profundos. Eso viene del ser humano, no de la tecnología. Al ver que hay un número increíblemente alto de personas con quienes tenemos una conexión superficial, da la ilusión de que la relación promedio es muy débil y que eso viene por el uso de la tecnología.

La ilusión del uso excesivo

Pero la raíz del asunto yace en la queja generalizada de que estamos usando cada vez más las tecnologías móviles para conectarnos a internet en detrimento de otras actividades “más humanas” y “más sociales”.

Veo al menos dos grandes problemas con esta línea de pensamiento.

El primero y más importante es el pensar que la actividad “en un smartphone” reemplaza a “la sociabilzación IRL”. De cierta forma, es verdad ya que revisar tus redes sociales ocupa tiempo que no puede ser aprovechado en otra cosa.

Pero hay una pequeña falacia. El disminuir el uso de los teléfonos (que parece ser la meta principal de estos críticos) no necesariamente implica que ese tiempo será usado en algo más “social”: las personas que desean conscientemente socializar lo harán, haya un smartphone o no. Es una decisión y no una consecuencia de la tecnología.

Además esto no es exclusivo de las nuevas tecnologías: ¿Acaso leer no es una experiencia poco social? ¿Qué pasa con los que practican actividades solitarias como natación, halterofilia, escritura, pesca o el surf? ¿Por qué estas actividades no son igualmente condenadas, aún si muchas personas las usan “para escapar de todo y de todos”? ¿Qué no son igualmente alienantes?

La única diferencia aquí es la novedad. Es fácil atacar a los dispositivos móviles porque son nuevos y porque “te alejan de la vida real”. Los libros, por otra parte, son usados como un escape por millones de personas en todo el planeta, pero parece que nadie les hace caso porque es una tecnología de 500 años de antigüedad y es socialmente aceptable.

El segundo problema está en ignorar el contexto de los smartphones en sí. Es cierto que cada vez son más personas las que los usan, incluyendo los niños y adultos mayores, pero esto no es más que una consecuencia que ocurre con cualquier tecnología de comunicación.

El hecho de que haya cada vez más usuarios de smartphones no quiere decir necesariamente que toda la nueva generación va a ser una bola de adictos al internet con problemas para sociabilizar (aunque admito que puede ocurrir).

La población creciente de usuarios de internet es una consecuencia inevitable. Cuando llega un cambio radical como el internet, es sólo cuestión de tiempo antes de que ésta sea adoptada por una gran cantidad de usuarios. Los primeros años de la radio y la televisión también vieron este crecimiento increíble, en el que cada vez más familias se hacían de uno de estos aparatos y pasaban las tardes y noches recibiendo información y entretenimiento de ellos.

Quiero poner un ejemplo: es un cliché de los 90s y posiblemente de los 80s: “¡Baja a convivir con tu familia!” gritaba la mamá y desconectaba el teléfono, segura de que así su hija dejaría de alejarse de todos. Hoy, esa misma idea se ensalza (“¡Apaga el internet! Toma el teléfono y habla con tu mejor amigo por dos horas”). ¿No es un poco inconsistente?

La memoria humana

Los humanos tenemos un montón de sesgos e ideas erróneas que son parte inherente de nuestro ser. Creemos que los eventos recientes son más importantes y relevantes que los eventos en el pasado distante. Comparamos nuestras ideas con los tiempos recientes y no siempre con el gran contexto de la historia.

Por ejemplo, la Retrospección de Rosy se refiere a que un sujeto califica a un evento más positivamente cuando está en el pasado que si lo calificara cuando el evento ocurrió (también conocido con el aforismo “Todo tiempo pasado fue mejor”). Tendemos inconscientemente a juzgar al pasado como mejor que el presente. Quizá no está directamente relacionado con una tecnología en particular, pero es necesario tener en cuenta este sesgo.

No somos especiales

Quizá el mejor argumento en contra de la ilusión de ser esclavos de la tecnología es el hecho de que ni siquiera es un argumento reciente. Como siempre, hay una tira de XKCD que habla al respecto. Si no pueden ver la imagen (o les da flojera) les transcribo dos segmentos:

The art of letter-writing is fast dying out. When a letter cost nince pence, it seemed but fair to try to try to make it worth nince pence…Now, however, we think we are too busy for such old-fashioned correspondence. We fire off a multitude of rapid and short notes, instead of sitting down to have a good talk over a real sheet of paper—The Sunday Magazine, 1871

También está:

With the advent of cheap newspapers and superior means of locomotion…the dreamy quiet old days are over…for men now live, think and work at express speed. They have their Mercury or Post laid on their breakfast table in the early morning, and if they are too hurried to snatch from it the news during that meal, they carry it off, to be sulkily read as they travel…leaving them no time to talk with the friend who may share the compartment with them… The hurry and bustle of modern life…lacks the quiet and repose of the period when our forefathers, the day’s work done, took their ease…— William Smith, Morley: ancient and Modern; 1886

Y la mejor, en mi opinión:

Our modern family gathering, silent around the fire, each individual with his head buried in his favourite magazine, is the somewhat natural outcome of the banishment of colloquy from the school…— The Journal of Education; volume 29

Sin embargo…

Es cierto que ciertas personas tienen pésimos modales y se clavan en un teléfono cuando están frente a otra persona. Todos somos un poquito culpables de esto. Sin embargo, no quiere decir que toda la sociedad está colapsando sólo porque viste a una pareja, ambos escribiendo en su celular en un restaurante. La verdad es que los cambios y posibilidades tecnológicos vienen mucho más rápido que lo que nos tardamos en aprender cómo usarlos. Incluso algo tan “viejo” como el correo electrónico sigue siendo un misterio para muchos.

Es cierto que es común ver a la gente “metida” en su celular en un lugar público, gente que anda con audífonos puestos todo el día y ejemplos similares. Sin embargo, si no hubiera smartphones, dudo que estas personas estarían felizmente platicando entre ellas. De todos los que conozco que promueven esta supuesta esclavitud, casi ninguno se atreve a hablar con extraños. Es una cuestión cultural, no tecnológica.

Es cierto que muchísimas personas encuentran un “refugio” en la tecnología y se pasan horas enteras en “mundos virtuales”, ignorando al “mundo real”. Sin embargo, esto es un punto de vista muy común en una sociedad que vanagloria la extroversión y que ve a la introversión como un mal, una enfermedad o algo que debe ser corregido. En todo caso, las nuevas tecnologías han permitido a muchísimos introvertidos (como yo) la oportunidad de expresarse en un entorno mucho más “parejo” y afín a sus (nuestros) intereses. Si acaso, esta extensión de “la vida real” es una extensión a la diversidad.

Es cierto que tenemos que aprender a vivir y convivir con la tecnología.

Es cierto que, con tantos cambios en las tecnologías y los medios de comunicación, no podemos vivir exactamente igual que antes; es necesario adaptarnos y aprender continuamente a comunicarnos con otros seres humanos. Pero la esclavitud, como idea general, me parece pretenciosa y superficial.


  1. odio ese término 

Autor: Andy

The internet's miniboss. I sing, write and edit Wikipedia

Un comentario en “Sobre la tecnología y nuestra supuesta esclavitud”

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