Si sientes que el tiempo no existe

Cuando muchas variaciones se eliminan, parece que las cosas no cambian mucho de un día al otro. La rutina con variaciones y vicisitudes se vuelve una rutina llana y sin chiste. Una semana se parece a otro, el fin de semana se parece a los días de trabajo y en menos de lo que uno piensa, los meses se parecen el uno al otro.

Por si no lo sabían, ahora también tengo un podcast en el que hablo de cosas que merecen ganarse un reconocimiento. Lo que sigue es el «quión» del primer episodio. Denle una escuchada, se aceptan sugerencias, comentarios y una que otra mentada.

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Admonición desde el pasado

Mantén tu cabeza baja, no sea que una bala o una mirada te alcancen en los ojos.

Mantén tu cabeza baja, no sea que una bala o una mirada te alcancen en los ojos. Quédate agachado, hincado, postrado para hacer de la tierra un escudo contra el resto del universo. Cierra los ojos, ciérralos y no dejes que la promesa de la luz ni la amenaza de la lluvia los vuelvan a abrir. Quédate quieto y no te muevas hasta que alguien venga por ti. No dejes que el mundo te asalte, no permitas que manchen tu ser, tu ser auténtico, tu ser individual. Crece en este capullo alimentado sólo por las piedras que llegues a morder y por los rayos cósmicos que el cielo te quiera regalar. Haz de ese agujero un hogar, siémbrate en tu madre y confía en ella para darte lo que necesitas.

Olvídate de los que te dieron vida, los que te nutrieron y te ayudaron a crecer. Olvida también los frutos que te robaron los muchachos sin dejar que sus semillas llegaran siquiera a germinar. Olvídales, ya están todos muertos para ti. Esos frutos sin descendencia, esos ladrones veraniegos, esos jardinero hipócritas ya pertenecen a otro mundo, ya no te necesitan.

Llora y alimenta con tus lágrimas en la lluvia, que a su vez te alimentará a ti. Come, déjate llevar por el viento, por el riachuelo. No saltes de gozo, no cantes, no te dejes ver ni por la niña fresca de primavera, ni por el cuervo hambriento y sin conciencia del otoño.

Debes yacer ahí, caminar a tu paso, pero nunca apresurado. Encuentra tu nueva vida en medio de la corriente, entre miles de hojas, de hormigas y de ojos. Encuentra la paz en el ruido constante, en la suciedad, en lo roto y en lo incompleto. Aduéñate de las grietas, de las orillas gastadas, de los caminos agotados, de los párpados cansados. Hazlos tuyos, conviértete en un amo de lo roto, lo abandonado, lo decaído. Llénate de vacíos y úsalos para aislarte de lo que ya es, de lo que crece, de lo que llena e invade sin distinción. No uses tu nuevo espacio como si solo fuera tuyo, más bien respeta esa Nada, sepárate de ella y no busques apropiarte de su terreno. Crece a la par de ella, mantén tus fronteras y cierra tus oídos también.

Así debes continuar, defecando esa furia hacia la Nada, para secarte poco a poco, para vaciarte y obligar a tu hogar a cuidarte como tú lo has cuidado. Te cambiarán la cara y la voz, perderás tu cuerpo y usarás tus memorias para atraer nuevos nutrientes, consumiéndolos en el proceso. alimentarás las llamas y de las cenizas compactadas te volverás a hacer semilla. Aléjate de todos y renace como un gris abierto a los colores, dispuesto a disiparte con la más mínima brisa sin llamar a ningún lado “hogar”

Ciudad de México. 26 de abril, 2016. Encontrado al escanear papeles viejos.

Primera Ley de Parkinson aplicada a los pensamientos (II)

Hace unas semanas me encontré con los correos que envié y recibí al terminar la prepa y en mis primeros años de universidad. Vi conversaciones muy sinceras que tuve con gente que ni siquiera era tan cercana a mí.

(Continuación del post anterior–A.)

V. Algunas ideas que compartirles

V.1. Volver a los e-mails largos

Con un par de personas aún mantengo correspondencia «a la antigüita», con sobres y estampillas y un apartado postal. Es lindo e inmensamente gratificante, pero no es muy escalable por dos razones:

  1. Mis horarios son muy incompatibles con los de la oficina de correos, y
  2. Escribo mucho más rápido en un teclado que con lápiz y papel.

Ninguna de estas son dealbreakers en realidad. Dada la bajísima frecuencia con la que nos enviamos cartas, es muy posible mantener una buena conversación sin problemas. La bronca viene cuando me doy cuenta que quiero hablar más con mis amigos, quiero más conversaciones profundas y someras, quiero saber cómo están a pesar de que vivamos en ciudades o en países diferentes.

Hace unas semanas me encontré con los correos que envié y recibí al terminar la prepa y en mis primeros años de universidad y… los extraño mucho ¿saben? Vi conversaciones muy sinceras que tuve con gente que ni siquiera era taaaan cercana a mí. Una amiga compartía su decisión de cambiarse de carrera porque se dio cuenta que Medicina no era lo suyo. Otra contaba sobre su decisión de arriesgarse a vivir en otra ciudad fuera de la casa parental. Entre cadenas y cadenas1 hay pedacitos de humanidad y sinceridad que hoy he perdido un poco.

Quiero recuperarlos. Quiero volver a escribirle directamente a la gente que quiero, y que me escriban en respuesta. Platicar con letras y palabras sin un intermediario innecesario.

Pero Andy–dirán–¿No es suficiente con lo que ya tenemos? ¿Facebook y WhatsApp no son eficientes para ello?. La respuesta es que sí son eficientes, pero son demasiado eficientes. Puedo escribir en el muro de un amigo, pero sólo verá ese contenido si El Algoritmo™ decide que es la hora apropiada, o si las notificaciones solicitan la atención. Puedo mandar un mensaje, pero el formato en una pantalla pequeña no es bueno para mandar más que unas líneas.


Tal vez es una de esas nostalgias bien intencionadas pero que no son realistas. Solo de escribirlo siento que me observa el fantasma de «En mis tiempos…» y que es la primera señal de mi senilidad adelantada. Pero mi nostalgia también es por la estabilidad a largo plazo del Internet. No quiero que mi historia dependa de Zuckerberg, en todo caso el correo electrónico es más abierto y fácil de preservar.


La privacidad parece que se erosiona día a día y solicitar una dirección de correo es un acto o muy profesional o muy de cuidado. ¿Cuánto de nuestras bandejas de entrada son realmente escritas para nosotros? Sospecho que la mayoría de nuestros correos recibidos son:

  1. Del trabajo,
  2. Generados automáticamente por alguna empresa,
  3. Enviados masivamente, o
  4. Spam

Me gustaría ver más correos sencillos, entre nosotros. No necesariamente que me escriban a mí; pero que aprendamos a unirnos y comunicarnos sin tener que responder siempre a las preguntas «What’s happening? What’s on your mind?»

¿Tú lo harías?


Voyez’s Le Veillard en Reflexion’ .
Credit: Wellcome Collection.
CC BY


  1. Que, seamos honestos, eran de las peores partes del correo y que afortunadamente ya no existen en mis círculos inmediatos. 

Primera Ley de Parkinson aplicada a los pensamientos (I)

¿No les pasa que tienen una idea pequeñita, sencilla y aún así no se la pueden sacudir de encima?

I. ¿Qué es la Primera Ley de Parkinson?

Dice la confiable Wikipedia:

Las tres leyes fundamentales de Parkinson son:

  1. El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización,
  2. Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos,
  3. El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia.

Es decir, ¿a quién no le pasa? Estamos llenos de trabajo hasta el momento de entregar o terminar el proyecto, y entonces pasa una de dos: o se «encoge» el tiempo libre, o llegan inmediatamente más cosas que hacer.

Bueno, esto también (me) pasa con los pensamientos. Ideas que están ahí y que, sin importar su relevancia o magnitud en mi vida, tienden a hincharse y a ocupar múltiples ciclos del viejo procesador que traigo entre las orejas. Puede ser una idea tonta y a veces hasta trivial de realizarse, pero si no la hago o la platico suele crecer sin límites.

II. Las memorias destruidas

En las anteriores encarnaciones de este blog solía desplegar esas ideas aquí, pero no para darles importancia o seguimiento, más bien para deshacerme de ellas. Mi blog como un basurero bonito y con buena ortografía. A medida que hemos ido madurando, me he dado cuenta que muchas de esas ideas eran buenas pero extinguía su flama al hacerlas públicas y todo se quedaba en una bonita sensación de haber hecho «algo» sin realmente hacer nada. Hablar de las metas antes de alcanzarlas suele tener ese efecto y puede ser adictivo.

Por eso dejé de escribir tan seguido1 y quise llenar el blog sólo de pensamientos más «serios», más digeridos y concretos. El resultado fue mucho más satisfactorio para mí, pero creo que no para el blog. Sentí que no podía poner nada aquí hasta que la idea fuera suficientemente grande como para salir del nido y al menos ser capaz de aterrizar a salvo en otras cabezas, otros corazones.

Hace unos años perdí decenas de borradores por un error muy tonto. En andycyca.me tenía muchísimas cosas a medio escribir. Se sentía como una aventura, porque muchos de esos posts eran exactamente una bitácora de tal o cual proyecto que estaba haciendo. Cada vez que regresaba a ellos sentía que guardaba mi progreso, como en los videojuegos. Habían detalles de cómo progresaba cada semana, cada mes.

Por un descuido se me pasó renovar el pago del host. Ellos, en su política muy acertada de respetar la privacidad de sus clientes, tomaron esa falta de pago como una terminación tácita de nuestra relación. Borraron todos los archivos y no guardaron respaldos de ningún tipo2. En una semana se fueron los registros de mi avance. Mi historia.

III. Los resultados inútiles

No se perdieron los resultados, pero sí la historia de cómo los conseguí, lo cual es casi igual de malo. ¿De qué me serviría tener ese proyecto si no podía hablar del camino que me llevó a él?

Como saben, detesto esas narrativas que se enfocan solamente en lo que uno consigue y no en lo que se hace para conseguirlo. Suele dar la idea de que «el éxito»3 es algo que los dioses determinan y envían a los mortales sin más ni más. Sobrepone el «talento natural» (si es que existe) y con ello refuerza la idea de que los «ganadores y perdedores» son determinados por nacimiento y que entonces no vale la pena esforzarse en ningún caso.

Perdí mi bitácora, perdí la historia de mis avances y no he querido intentar rehacerlos a partir de mi memoria (que hoy tiene el privilegio de ver las cosas desde el futuro). Tal vez algún día los pondré por acá, pero lo importante es la lección que me dejaron.

IV. ¿Cómo solucionarlo?

Ya no quiero que el blog sea un tiradero inconexo de ideas que no van a ser exploradas, pero tampoco que sea un tesoro que se haga inútil por la avaricia de conservarlo prístino. ¿Dónde está el balance entre esas dos ideas? Aún no lo sé, pero creo que un buen primer paso es compartir algunas ideas que no me dejan de rondar la cabeza y exhibirlas; ya no para abandonarlas sino para poder discutirlas con ustedes e intentarlas en un futuro. ¿Quién sabe? Las ideas traen ideas, quizá le sean útiles a alguien más a pesar de estar todavía verdes.

Por ahora dejaré el post hasta aquí, pero al rato o mañana pondré las primeras ideas que quiero compartirles. Cosas que quiero hacer y que no me dejan dormir. Cosas que quiero hacer con ustedes.

Por ahora, hasta aquí. Que el trabajo no me quite todo el tiempo disponible.


“Stone Worker” by Karl L. H. Mueller is licensed under CC BY 3.0


  1. Bueno, y por muchas otras razones. 
  2. Que, aunque suene feo, fue una de las razones exactas por las que yo los elegí. 
  3. La definición específica cambiará de acuerdo a la meta. 

Apple Car(d) | Asymco

The old cliche is that we were promised flying cars but ended up with x where x is something trivial or mundane. Perhaps the best “x” is “140 characters”. This statement is meant to de-value the technologies developed in the last few decades. Instead of building grand things, we build trivialities. The irony is that x is often wildly popular and ubiquitous. x also generates a lot of profits and is likely to change behavior. Indeed, the flying car alternatives are almost always better ideas…

Lean el resto en: Apple Car(d) | Asymco

A propósito del desencanto

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Este breve cuento me ha recordado mucho a mí y a mi relación conmigo mismo. Recomendado.

txtshots

Lo miro a los ojos como hago siempre que lo tengo entre las piernas; sin embargo, esta vez me avergüenzo y bajo la vista. Es como estar con un extraño. Rodrigo sigue en lo suyo y yo vuelvo el rostro hacia el librero de la esquina, ese que tengo desde que me mudé a la ciudad. Y no. No son los mismos. Ni el librero, ni Rodrigo. 

Nos vestimos y me dice que tiene que irse, que tiene ensayo, y aunque respeta el ritual de despedida -un beso en los labios y dos en el cuello-, siento que me toca un farsante, un mal imitador. Intento meterme a la cama y olvidarme del asunto, pero la falta de familiaridad dentro de la habitación de dos por dos no me lo permite. Me siento de visita. Estoy en casa de un extraño. Quizás me hace falta aire. 

Salgo a dar una…

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Nuevos blogs y posts repetidos

[1] Sobre la blogósfera

Admiro mucho al acto de escribir—sobre todo, de escribir por placer. Quizá por eso es que me gusta tanto este arte «perdido» de escribir en un blog, de mantener una bitácora pública.

Lloro mucho la pérdida y/o desaparición de tantos blogs que leía cuando comencé a bloguear por allá del 2005. En algunos casos pude conocer a las personas detrás de esos blogs y hoy seguimos en contacto.1 En algunos casos, al desvanecerse el blog se desvaneció también la persona. Comprendan, éramos una bola de locos que, a pesar de ser buenos techies, preferíamos definirnos y conocernos exclusivamente a través de nuestros blogs. Nuestra red social era el internet mismo, no un sitio monolítico donde uno crea una cuenta y no se puede salir de ese jardín-prisión.

Ese subconjunto particular del internet se llamó «blogósfera» porque no había una mejor forma de definirlo. Era un pedazo sin bordes definidos y cuyas conexiones eran asimétricas. Podías estar embelesado con una persona a través de sus letras y, como con otras grandes tragedias, esa otra persona quizá nunca te leería, ya sea por falta de tiempo, o de interés, o por escribir mal o hasta por olvido.

Desde entonces, el internet se ha ido cristalizando más y más. Pero no por completo

[2] Sobre mis lecturas

Hubo un tiempo en que no me daba la vida para leer todos mis feeds y comentarlos como se debía. Poco a poco esos proyectos fueron cerrando y sus autores se desvanecieron «como una flatulencia en el viento». La dudosa ventaja de ello fue que podía leer y ponerle atención a todos los posts, pero cada vez habían menos y menos en total.

Hoy sigo leyendo blogs, pero no son personales. Me encantaría que regresaran, pero el potencial creativo promedio de mis amigos y conocidos parece enfocarse más en «compartir» lo que alguien más ha creado, en lugar de crear algo uno mismo.2 Los blogs que quedan no son sobre las historias personales, sino comentarios sobre los comentarios sobre el resumen de lo que alguien dijo o escribió antes. Posmodernidad, le llaman.

Pero aún queda un puñado de esos espacios tan personales y sagrados. Más raro aún es observar el nacimiento de uno nuevo. Es como observar una nova en reversa, el nacimiento de algo ordenado y bello. El espíritu creador moviéndose sobre la superficie de las aguas oscuras del internet.

[3] Great minds think alike

¿Cuáles son las probabilidades de que ese nuevo espacio y yo hayamos pensado en escribir cosas parecidas más o menos al mismo tiempo? Mi idea original era la de escribir una retrospectiva sobre los 20 años de Wikipedia, en contraste y contraparte al proyecto que planea publicar el MIT al respecto, pero que ha sido poco inclusivo.

El nuevo espacio también escribió sobre lo que era hace 20 años pero con una perspectiva diferente. Sobre lo que era antes y lo que es ahora. Las cosas que se han mantenido y las que se han abandonado. O, en sus propias palabras:

Veo el Zeitgeist de mi generación a través del mundo del entretenimiento

Lo leí apenas hace unos minutos y me conmovió de una forma muy especial. Me hizo pensar en mi propia mirada a 20 años atrás. Y así es como lo que comenzó siendo un post sobre enciclopedias terminó siendo sobre todo y nada, como es tradición de este blog. Una memoria de lo que soy y lo que pienso ahora sin demasiados filtros.

Y a diferencia de Robinson Crusoe, yo, al ver cuánto he crecido y vivido estos 20 años… se posan sobre mis hombros la certeza de mi talento y la conciencia de que podemos ir por más.

Ojalá que así sea. Espero leernos dentro de 20 años.


«An armillary sphere» An armillary sphere. Coloured engraving – https://www.europeana.eu/portal/record/9200579/hpw5ee7t.html. Wellcome Collection – https://wellcomecollection.org/works/hpw5ee7t. CC BY – http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/


  1. O al menos con el contacto que nos permiten nuestras hoy adultas y ocupadas vidas. 
  2. Cosa que me parece triste en el mejor de los casos y me enoja en el peor de los mismos. Lo discutiré otro día. 

Revisando el problema del ajedrez y el Gran Visir (II)

¿Por qué quiero revisar un problema matemático que ha sido analizado, re-analizado, expandido, meditado y descartado durante siglos? Leer más “Revisando el problema del ajedrez y el Gran Visir (II)”